Economía colaborativa, es sólo el comienzo

El mundo vive una revolución en la forma como las personas quieren relacionarse con sus economías, a través de su integración a un mercado laboral no tradicional, y sí ampliamente flexible. Los gobiernos han reaccionado con esquemas laborales poco funcionales, bajo una ...

El mundo vive una revolución en la forma como las personas quieren relacionarse con sus economías, a través de su integración a un mercado laboral no tradicional, y sí ampliamente flexible. Los gobiernos han reaccionado con esquemas laborales poco funcionales, bajo una perspectiva limitante, que han producido efectos poco ventajosos para los trabajadores. Me refiero a la economía GIG.

En la última década atestiguamos el surgimiento de la economía colaborativa, modelo que se basa en compartir recursos, habilidades y servicios a través de plataformas digitales.

Permite a las personas trabajadoras tomar empleos temporales o de corto plazo, ofreciendo flexibilidad y libertad. Ciertamente plantea desafíos regulatorios.

El BID ha mostrado un interés creciente en la economía colaborativa y su potencial para impulsar el desarrollo económico y social en América Latina y el Caribe. La asume como una fuente de innovación que puede impulsar el crecimiento económico regional.

Las plataformas digitales que facilitan el intercambio de servicios son un modelo que puede generar empleo, fomentar el emprendimiento y mejorar la eficiencia en diversos sectores económicos.

El organismo subraya que tiene el potencial de promover la inclusión social al facilitar el acceso a una variedad de servicios a segmentos de la población que anteriormente estaban excluidos.

Poco se conoce que en el centro de este modelo radica la libertad de los trabajadores para elegir cuándo y dónde trabajar, adaptar su horario a sus necesidades personales y equilibrar mejor su vida profesional y personal.

Interesado en esta modalidad, utilizando un transporte por aplicación platiqué con un conductor llamado Juan, quien me explicó que decidió convertirse en conductor de una empresa “X” después de perder su empleo en una empresa tradicional.

Me dijo que esta transición le generó la oportunidad de obtener ingresos mientras buscaba nuevas oportunidades. La capacidad de ajustar sus horas de trabajo, según su situación personal, le permitió atender las necesidades familiares y continuar desarrollando sus habilidades profesionales.

Conocí otro caso similar en el que lo interesante es que podía trabajar en el reparto de productos desde cualquier otra localidad distinta en la que vive, sin que se le pusieran obstáculos, incluso operar para varias aplicaciones sin exclusividad.

Sin duda, esta modernidad ha tomado por sorpresa a las autoridades regulatorias mundiales. Tras revisar varios casos, pareciera que no han logrado conciliar las nuevas necesidades. Lo logran para unos y perjudican a otros.

Las primeras respuestas de las autoridades en estos casi 10 años es el camino de la formalización. En unos casos ofrecían a los trabajadores formalizarse para obtener seguridad social, pero el problema es que perdían la flexibilidad de los horarios, la libertad de trabajar en zonas distintas y se les reclamaba exclusividad.

Lo que ocurrió es que muchos renunciaron a ganar un salario mínimo —mucho menor a sus percepciones acumuladas— y pasaron a la informalidad.

Las regulaciones deben, entonces, reconocer estas nuevas formas colaborativas desde criterios dialogados. He revisado muchos materiales, desde las experiencias europeas, pero siempre hay un sector de las personas trabajadoras que pierde.

Centrar la discusión en el tema de la seguridad social, como en algunos países, puede que sea un error de cálculo. El BID recomienda explorar modelos de seguridad social que sean inclusivos y que protejan a todos los trabajadores, independientemente de su forma de empleo.

Lo más importante es invertir en educación y capacitación que preparen a los trabajadores para las nuevas oportunidades y desafíos que presenta la economía colaborativa, porque esto sólo es el principio.

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