¡Alto a la crueldad en los rastros clandestinos!

Son muchos los rastros que operan en la clandestinidad

Desde hace varios años se ha puesto sobre la mesa el tema de la crueldad y el sufrimiento al que son sometidos los animales destinados al sacrificio para consumo humano en los rastros clandestinos del país y, aun cuando hay normas, recomendaciones y estándares precisos para su manejo, estos establecimientos siguen operando bajo la ilegalidad y con extrema tortura.

La industria cárnica aporta aproximadamente el 23% del Producto Interno Bruto (PIB) de la industria alimentaria y el 32% del PIB del sector agropecuario. Toda vez que los productos que provienen de ella juegan un papel importante en la dieta de las personas, ya que proveen proteínas, vitaminas y otros nutrientes, además del sacrificio humanitario deben cubrir estándares de sanidad e higiene específicos, que garanticen la sana alimentación de quienes los consumen.

Desgraciadamente, son muchos los rastros que operan en la clandestinidad sin los instrumentos y las técnicas adecuadas para el manejo de los animales destinados al consumo humano. Diversas organizaciones en favor del bienestar animal han documentado, por años, la manera en la que los cerdos, las reses, las aves y otros animales sacrificados son torturados, siendo golpeados con palos, varillas, machetes, violentados a golpes e, incluso, intervenidos con fuego y agua hirviendo aun estando conscientes.

Esas imágenes son en sí una clara expresión de violencia y crueldad. Está claro que el sufrimiento causado a esos seres es absolutamente absurdo, injusto e innecesario. Y no sólo está de por medio el tema del bienestar animal, pues estamos hablando de la alimentación de las personas y, en consecuencia, de su salud, que se ve amenazada porque estos rastros no respetan las normas de sanidad establecidas en los protocolos en la materia. Los consumidores de carne, que siguen siendo mayoría, se están llevando a la boca productos que fueron elaborados en un marco total de insalubridad. Se trata de carne de animales que, antes de ser procesada para su consumo, estuvo por horas en sus propias heces y sangre descompuesta, o a los que les dieron muerte con técnicas que violan las recomendaciones de inocuidad en materia de alimentos.

Resulta claro que nuestro país requiere hacer un mayor esfuerzo para garantizar la normalización de las buenas prácticas de manejo y procesamiento en los rastros y evitar a toda costa que operen en la clandestinidad. Si el bienestar animal no es suficiente motivo para que eso suceda, debería serlo la sanidad y la seguridad alimentaria de las personas.

En lo que respecta a la Ciudad de México, para poner un alto a todas estas irregularidades en los rastros clandestinos, he presentado ante el Congreso local una propuesta para que la administración, establecimiento, organización o patrocinio de cualquier espacio destinado a la matanza de animales de abasto sin la autorización, licencia o permiso vigentes de las autoridades competentes, se establezca como delito en el Código Penal.

Quienes comercian ilegalmente con la carne de ganado sin seguir las normas sanitarias no deben operar, mucho menos aplicando tortura a los animales. De hacerlo, deben sufrir graves consecuencias legales.

  • Buscar que terminen las malas prácticas, el maltrato, la crueldad y la insalubridad en los rastros clandestinos representa, más que regular una industria, pues se trata también del respeto a la dignidad de otros seres vivos, de luchar contra la normalización de la violencia y velar por la salud de las personas.

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