Libertad académica y autonomía

En octubre pasado, el presidente López Obrador criticó a la universidad nacional de manera reiterada en sus conferencias de prensa matutinas. ¿Por qué hizo esto? Es difícil saber qué motivó al Presidente a hacer afirmaciones tan desafortunadas. Lo que es cierto es ...

En octubre pasado, el presidente López Obrador criticó a la universidad nacional de manera reiterada en sus conferencias de prensa matutinas. ¿Por qué hizo esto? Es difícil saber qué motivó al Presidente a hacer afirmaciones tan desafortunadas. Lo que es cierto es que encuestas recientes reflejan una importante caída en la aprobación del Presidente entre personas con estudios universitarios.

En una encuesta nacional realizada por Alejandro Moreno a finales de octubre (El Financiero, 3/nov/2021) encontró que 46% de la población no estaba de acuerdo con la afirmación de que la “UNAM se ha derechizado y vuelto conservadora”, mientras que un 33 por ciento sí estaba de acuerdo. Por otro lado, un 48 por ciento de los encuestados no estaba de acuerdo con que la “UNAM se volvió individualista y defensora de proyectos neoliberales”, y sólo un 32 por ciento estaba de acuerdo. Finalmente, 59 por ciento de los encuestados estuvo en desacuerdo con que la universidad “perdió su esencia y dejó de formar profesionales para servir al pueblo” y sólo 26 por ciento estuvo de acuerdo. Si sólo se considera a estudiantes o egresados de la UNAM, los tres porcentajes de desacuerdo con los enunciados anteriores ascienden a 53, 57 y 66 por ciento, respectivamente.

En semanas más recientes, el Presidente ha descalificado a las universidades públicas en general, y al CIDE en particular. ¿Qué opina la gente de todo esto? Una nueva encuesta nacional de Alejandro Moreno (El Financiero, 15/dic/2021) encontró que una abrumadora mayoría de las personas entrevistadas consideran que se debería invertir más en ciencia (84%), que las universidades ayudan al país y deben ser fortalecidas (83%), y que la libertad de cátedra debe garantizarse. Además de esto, un 72 por ciento de los encuestados coinciden en que “las universidades deben ser autónomas y no estar controladas por el poder político”.

Por otro lado, otro levantamiento telefónico realizado en la Ciudad de México a inicios de este mes, encontró que 86% de los encuestados tienen una opinión buena o muy buena de la UNAM y sólo cuatro por ciento tiene una opinión mala o muy mala. Por su parte, un 66 por ciento afirmó tener una opinión favorable del CIDE, tres por ciento tuvo una opinión negativa y 28 por ciento no lo conoce.

Es buena noticia saber que la opinión pública sea tan favorable en torno a la importancia del papel que tienen las universidades en el desarrollo del país, la importancia de garantizar la libertad de cátedra y la autonomía. Una educación de calidad debe estar libre de presiones políticas, presupuestales, o cualquier intento de control.

En este sentido, hace unos días, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio a conocer un importante documento: Principios Interamericanos sobre Libertad Académica y Autonomía Universitaria. El primero de dieciséis principios señalados se refiere a la libertad académica, misma que implica “el derecho de toda persona a buscar, generar y transmitir conocimientos (…) y a realizar labores autónomas e independientes para llevar a cabo actividades de aprendizaje, docencia, investigación, difusión de información e ideas de forma libre y sin temor a represalias”.

El segundo principio se refiere a la autonomía de las instituciones académicas. A decir del documento, la “autonomía es un requisito imprescindible para la libertad académica” y una “garantía para que las instituciones de educación superior cumplan su misión y objetivos”. “Como pilar democrático y expresión del autogobierno de las instituciones académicas, la autonomía garantiza el ejercicio de la enseñanza, la investigación y (…) la toma de decisiones financieras, organizacionales, didácticas, científicas y de personal.” La asignación de presupuesto público “no puede convertirse en una herramienta de ataque contra instituciones y grupos académicos, ni de amenaza al pensamiento crítico”. Teniendo en cuenta tan solo estos dos principios, vale la pena preguntarnos: ¿Está en riesgo la libertad y la autonomía de las instituciones académicas en México? Piense muy bien su respuesta.

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