Falsos dilemas
El Presidente dio a conocer un documento anónimo, cuya validez o fuente es desconocida, que en su voz señalaba“la estrategia que tienen para debilitarnos políticamente hablando”.
El pasado sábado 6 de junio, el Presidente afirmó en un evento público que “no es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas." Agregó que “no hay para dónde hacerse, o se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país".
El enunciado es un claro ejemplo de la llamada falacia lógica del falso dilema: una situación en la que se presentan dos posturas como las únicas opciones posibles, dejando fuera matices u alternativas intermedias. Así, quien desee responder al llamado presidencial debería tener claro, por ejemplo, qué quiere decir el Presidente cuando afirma ser liberal y no conservador, o admitir de entrada que todas sus propuestas y acciones de gobierno son igual de transformadoras o liberales, según sea el caso.
Otro matiz consistiría en dilucidar si la transformación aludida es un plan unipersonal o cuenta con el apoyo de todo su gabinete o de su bancada legislativa (en ambos ha habido renuncias). Si hay diferencias al interior del gabinete sobre política fiscal, o si la retórica presidencial sobre la gravedad de la pandemia se contradice con la del subsecretario de salud, ¿implicaría que alguno de ellos abandonó la causa transformadora o liberal? ¿Es compatible afirmar “nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho” al mismo tiempo que se plantea un falso dilema?
El martes 9, durante la conferencia de prensa matutina, se dio a conocer un documento anónimo, cuya validez o fuente es desconocida, que en voz del Presidente señalaba “la estrategia que tienen para debilitarnos políticamente hablando”. Acto seguido, el vocero de la Presidencia dio lectura al documento, mismo que señalaba como objetivos “promover el desplazamiento de Morena de la mayoría de la Cámara de Diputados en 2021 y revocar el mandato presidencial en 2022.” La presunta estrategia consistía en integrar un bloque opositor entre PAN, PRI, PRD, MC y otros partidos emergentes, entre otras tantas acciones.
Al día siguiente, el miércoles 10, el Presidente concluyó su conferencia de prensa matutina comentando sobre encuestas electorales —aclaró, por cierto, que en su gobierno “no hacemos encuestas porque cuestan y no gastamos en eso, pero he visto dos que nos mandan”— sobre las gubernaturas en juego en 2021 y cómo quedaría la Cámara de Diputados “si hoy fuesen las elecciones” bajo distintos escenarios de coaliciones opositoras. Añadió: “Entonces, ¿para qué tantos partidos?, debería de haber dos: partido liberal y partido conservador y ya, pero entonces ¿para qué tantos partidos si al final es uno?, es el partido conservador. Pero ésa es una cuestión que no es fácil, ver cómo el PRI se va a unir al PAN o el PAN se va a unir al PRI”.
Vistas en conjunto estas tres declaraciones, surge una pregunta importante. Utilizar una conferencia de prensa para presentar un falso dilema, exponer un documento anónimo y de fuente no confirmada sobre posibles estrategias electorales de la oposición, reflexionar en voz alta sobre las ventajas o desventajas de enfrentar a una coalición en las próximas elecciones y sobre el número y nombre idóneo de partidos políticos, ¿constituye un acto de propaganda electoral o bien un acto que busque influir en la contienda político electoral del próximo año?
Cabe recordar que el artículo 134 Constitucional señala expresamente que “los servidores públicos (....) tienen en todo tiempo la obligación de aplicar con imparcialidad los recursos públicos (...), sin influir en la equidad de la competencia entre los partidos”. El mismo artículo señala que la “propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos (…) deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”.
El Presidente no es el único servidor público que ha incurrido en exabruptos retóricos en tiempos recientes: algunos gobernadores ya están en ello también. Unos y otros parecieran tener mucha prisa por exigir definiciones, lealtades o renuncias sumarias. Entretanto, la crisis de salud, la recesión económica y los problemas de inseguridad siguen allí, esperando más soluciones y menos falacias retóricas. Antes de resolver el 2021, tienen que resolver el 2020.
