Crónicas del cambio verdadero

A los derrotados se les premia con sendas embajadas. ¿Cómo se pueden explicar estas designaciones?

La semana pasada, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó una sanción al partido Morena al confirmar que, durante 2014 y 2015, éste se benefició de una serie retenciones indebidas a los salarios de los trabajadores del ayuntamiento de Texcoco, en aquel tiempo gobernado por Delfina Gómez, hoy secretaria de Educación Pública. La sanción definitiva se confirmó apenas este año, pero la queja original data de 2017, cuando la hoy secretaria fue candidata a gobernadora del Estado de México. Delfina Gómez perdió la elección de 2017, pero podría buscarla nuevamente en 2023.

El episodio anterior sirve, por un lado, para ilustrar el largo camino que aún tenemos pendiente en México para impedir, de una vez por todas, que los recursos públicos sean desviados hacia campañas electorales. Por otro lado, ilustra que los escándalos de corrupción no siempre afectan por igual las carreras políticas.

Dos. El gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, ha sido señalado recientemente por abuso de poder al encarcelar a algunos de sus opositores. Desde diversos puntos de vista, difícilmente podría decirse que su desempeño como gobernador ha sido sobresaliente. ¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno federal? Una especie de espaldarazo doble: primero y de manera reiterada desde Palacio Nacional, mismo que este fin de semana fue reforzado por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum.

Quizás nada tenga de peculiar que la jefa de Gobierno manifieste su respaldo o apoyo, de una forma u otra, con otros gobernantes de su mismo partido. Una parte podría explicarse por simples afinidades ideológicas o partidistas. Otra parte por el peso estratégico de una entidad tan grande como Veracruz. Por otro lado, tampoco debe sorprender que se tejan alianzas de diversa índole con miras a proyectos políticos futuros. Quizás unos aspiren a posibles candidaturas presidenciales, quizás otros aspiren a tornar sus carreras políticas locales en carreras diplomáticas.

Tres. Por misterioso que parezca, hace unos meses el exgobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, fue propuesto por el Presidente como embajador en España. Esta semana, la exgobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, y el exgobernador de Campeche, Carlos Aysa, han sido propuestos para cargos diplomáticos en Barcelona y República Dominicana, respectivamente.

Este episodio resulta por demás curioso. En un primer momento se promete en campaña acabar con la corrupción de los gobiernos priistas o panistas. Sin embargo, a los derrotados se les premia con sendas embajadas. ¿Cómo se pueden explicar estas designaciones? ¿Acaso se les está premiando por ceder sus plazas en las pasadas elecciones? ¿O sólo se les está enviando a un exilio amigable, por así decirlo? ¿Qué mensaje se busca dar a otros gobernadores o legisladores de oposición cuando sus compañeros de partido son premiados de esta forma una vez que fueron derrotados en las elecciones locales de sus entidades? ¿Se le está ofreciendo una salida digna a otros políticos más? ¿Por qué a unos sí y a otros no?

La lista de designaciones diplomáticas es más larga aún y en ella destacan, por un lado, la escasa o nula experiencia diplomática de la mayoría de los nombres anunciados esta semana. Por otro lado, hay un contraste casi previsible con personajes cercanos o leales al primer mandatario. Hay quien dice que esto no es nuevo, que siempre ha sido así.

¿Qué mensaje se está dando a la sociedad mexicana cuando se proponen como embajadores personas sin experiencia diplomática o, peor aún, con acusaciones de acoso sexual? ¿Qué mensaje se está dando a los gobiernos de los países que recibirán a estos representantes? ¿Cómo deben interpretar todo esto quienes han acumulado años de carrera y experiencia en el Servicio Exterior Mexicano? El cambio verdadero se manifiesta de muy diversas formas, y no todas ellas son fáciles de entender.

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