Unir, no cabildear
Hay momentos especiales en los que se comparte sinceramente la unión, generando repercusiones masivas. Son momentos en la línea del tiempo que pueden cambiar la forma en que se cuenta una historia. Decenas de miles de personas, que podemos pensar y vivir y relacionarnos con la vidade manera diferente, optamos, por un momento, encontrarnos unidos por una causa.
Estar unidos es un sentimiento extraño. Es algo que siempre nos causará añoranza, porque en la historia de cada uno podemos recordar momentos en los que estuvimos unidos a algo o a alguien: a una familia, a un equipo de futbol, a unos compañeros de clase, a un grupo de amigos o a un equipo de trabajo, entre otros. El intento de esta columna es pensar el sentido profundo que guarda y la poca atención que le prestamos al hecho de estar unidos. Quizá porque su sustantivo y su tiempo conjugado en participio: unión y unidos, respectivamente, pueden guardar sentidos que el uso declinó en acepciones no tan favorables.
Unión: el honorable tema de la agrupación de los trabajadores para cuidar sus derechos se convirtió en algo parecido a militancia, de tal manera que lo que en un principio fue la exigencia de adherirse a las normas de un grupo de iguales, pronto se convirtió en la jerarquía de unos cuantos, para después cerrarse a unos cuantos hombres influyentes, para finalmente beneficiar a un líder único. Éste ha sido el triste devenir de muchos de los sindicatos.
Unidos, ese participio también ha sido tomado como eslogan por un grupo en España, para retomar lo que el alma de la palabra unir conlleva, y que se ha convertido en una fuerza que, nuevamente, terminó en jerarquías y en privilegios para los más adelantados en el poder.
Así que la invitación es volver al verbo modesto unir. Cuatro letras sencillas que siguen guardando el alma intacta. Unir es juntar, acercar dos elementos para formar un todo o un algo más. Unir es un primer paso que posibilita posteriormente muchas otras cosas: trabajar, organizarse, delegar, confiar, conversar, diferir y volverse a encontrar.
Reunir diferentes puntos de vista requiere un trabajo sutil, profundo, inteligente y propositivo. De la misma forma que se pueden reunir dos hermanos que se han distanciado, dos amigos que pelearon por un amor, dos socios separados por temas de negocios, dos que dejaron de ser pareja. Unir no es una reconciliación total, no se trata de pensar igual. Existen facilitadores y coaches expertos en el trabajo instruido de encontrar puntos en común. Así, unir es un acto propositivo que lleva desde antes un trabajo, una tarea en que la único cierto es que no será sencilla. Desafortunadamente, las negociaciones en la política pasan más bien por transacciones de influencias, de favores, de dinero, de amenazas... Se trata de lobbying, de cabildear. Es sólo una manera de hacer presión disfrazada de puntos de coincidencia. Por ejemplo, la dificultad de un candidato que pueda reunir varias fuerzas políticas para las elecciones del 2024 será el resultado más de una serie de acuerdos impagables y, en lugar de un líder que inspire, que proponga y que pueda unir, terminará reduciéndose a un juego de vencidas.
Hay momentos especiales en los que se comparte sinceramente la unión, generando repercusiones masivas. Son momentos en la línea del tiempo que pueden cambiar la forma en que se cuenta una historia. Decenas de miles de personas, que podemos pensar y vivir y relacionarnos con la vida de manera diferente, optamos, por un momento, encontrarnos unidos por una causa. Una causa, además, sofisticada, porque era defender una institución democrática, que cuyas implicaciones se relacionen con un futuro. En esta unión también había una alegría especial de encontrarse en las calles. De recuperar un espacio común, la sensación de comunidades en cada ciudad. No olvidemos, aunque a veces quisiéramos, que la pandemia nos obligó a guardarnos. Encontrarse con otros es saberse ahí con otros. Fue recuperar un sentimiento de vida y la posibilidad de estar juntos. La celebración de ser muchos, unir es resonar en otros.
La unidad también es una utopía, a la que se recurrió demasiado y terminó secuestrándosele el sentido. Por ejemplo, en la unidad de partido, se convirtió en consigna, en mandato. Al ser humano por lo general no le gustan las consignas o los mandatos. En realidad, quiere elegir, y todo aquello que viene como una señal imperativa provoca casi la reacción de un joven adolescente al que se le prohíbe o se le manda algo. Provoca una inmediata resistencia a hacerlo.
¿Cómo poder pensar, entonces, en la unidad para nosotros los mexicanos? ¿Para el resto como hermanos? Pues el camino no es fácil, porque no puede ser un tenemos que unirnos. No puede ser una obligación, tiene que partir de un deseo, de una necesidad, de la libertad de estar unidos.
