Preguntar, preguntarse

Preguntarse no garantiza adquirir nuevo conocimiento. ¿Por qué? Debido a que hay preguntas corrosivas, intimidantes y, a veces, hasta sádicas, por lo que es conveniente detenersea reflexionar: ¿qué sería poder preguntarse bien? La pregunta látigo por excelenciaes ¿por qué? Es una pregunta que carga con un lamento, no es necesariamente curiosa.

La manera de preguntarnos por nosotros, por la vida, por los que nos rodean es la forma en que construimos nuestro mundo y la forma en que lo miramos; a la vez, nos permite ir aumentando la curiosidad.

Algunos consideran que la crítica puede venir en forma de pregunta. En realidad, si se quiere generar un pensamiento constructivo, lo importante no es la crítica, sino el cuestionamiento.

Preguntarse no garantiza adquirir nuevo conocimiento. ¿Por qué? Debido a que hay preguntas corrosivas, intimidantes y, a veces, hasta sádicas, por lo que es conveniente detenerse a reflexionar: ¿qué sería poder preguntarse bien?

La pregunta látigo por excelencia es ¿por qué? Es una pregunta que carga con un lamento, no es necesariamente curiosa. Se parece un poco a la avaricia: nunca tendrá suficiente. “¿Por qué?”, aunque encuentre una respuesta no se sentirá satisfecho, ninguna será suficiente para parar. Es común encontrar que las personas consideran que “¿por qué?” es una pregunta que parece una guía clara. Además, se puede transformar para hacer mejores preguntas.

Por ejemplo, una persona con una desilusión amorosa puede preguntarse ¿por qué pasó? La primera pregunta viene con un “si pudiera entender el porqué, me quedaría más tranquilo”. Aunque en realidad este ¿por qué? nunca encuentra una respuesta satisfactoria. Tampoco abre las ventanas al conocimiento, es más bien un túnel que succiona al pensamiento transformándolo en un tema obsesivo.

Recuerdo una anécdota que me relató una directora de primaria, quien poseía una intuición extraordinaria para darse cuenta de las cosas. Contaba cómo un niño había hecho sonar la alarma de emergencia (éstas que hay en las escuelas) tras romper el vidrio, activándola y, posteriormente, haciendo correr a todo el mundo. Cuando la directora entrevistó al niño y le cuestionó ¿por qué lo había hecho? El niño contestó con una lógica impecable: porque quería escuchar cómo sonaba. La directora se dio cuenta de que esa pregunta no le ayudaba a generar una consciencia del acto y, por lo tanto, un aprendizaje que valiera para él y también para los otros miembros de la escuela. Por qué lo hizo poco importaba, lo relevante era saber si el chico era capaz de entender las consecuencias del acto y del peligro en el que había puesto a sus compañeros. En sí la consciencia de esto evitaría que, por un impulso de curiosidad personal o de reto a la autoridad (ver hasta dónde se puede llegar), genere, en un futuro, una situación de peligro para la comunidad o para las personas a su alrededor.

Una frase muy conocida atribuida a Albert Einstein es “no podemos resolver un problema desde el nivel de conciencia que lo creó”. Parece que no lo dijo así y que está fuera de contexto; sin embargo, la frase ha sido muy exitosa porque guarda mucho saber al interior. En el tema que nos convoca, las preguntas nos pueden llevar a nuevos niveles de conciencia. Si queremos conocer cosas nuevas, necesitamos hacernos nuevas preguntas.

La otra parte importante es la expectativa sobre “las respuestas correctas”. En realidad, no hay tales respuestas, no se trata de un examen escrito de antemano y que tiene una calificación final. Sin embargo, esto demuestra cómo estamos condicionados para pensar en que hay respuestas correctas, cuando no las hay; en realidad, las respuestas se van construyendo con el tiempo. No existe una respuesta que podamos utilizar de cajón. Cada problema, cada situación tiene una amplia variedad de respuestas; sobre todo, hay que entender que las mejores se construyen con el tiempo, en equipo, con ayuda de las personas que nos rodean, con el entendimiento de que estamos construyendo, y nuevamente con el tiempo. No hay una respuesta “de una vez por todas”, esta idea sólo lleva a la frustración porque “x” o “y” respuestas nunca serán suficientes.

Lo mismo sucede con la vida de las personas o en los grupos de trabajo, los negocios y las comunidades. Es más, así sucede con un país: no hay una respuesta única, no hay una mejor respuesta, se trata de la suma de voluntades que primero pueden preguntarse de manera original y constructiva “qué quieren”, diseñar una pregunta. El éxito del discurso populista es la falacia de dar una respuesta única, obvia, que “todos puedan entender”. Por eso, es indispensable diseñar mejores preguntas que permitan nuevas respuestas distintas a los viejos modelos.

El tema de las mejores preguntas daría para cientos de columnas, pero quizá la mejor manera de terminar ésta es con una pregunta y esta es, ¿qué pregunta te está faltando hacerte?

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