Ojos nuevos

Partamos del verso: “No vemos al mundo como es, sino como somos”. Estas palabras encierran una gran sabiduría, señalan que no importa lo novedoso que sea un paisaje, una comida, una película, un trabajo o una relación, parece que no podemos realmente aprehender lo que hay allá afuera, del otro lado de uno mismo, ya que ese mundo está impregnado de nosotros mismos.

¿Cómo sería ver el mundo con ojos nuevos? Esta pregunta metafórica que no pasa por lo anatómico no se trata de un trasplante de córnea ni mucho menos. Planteo la pregunta partiendo de la premisa de que las miradas tienen memoria, cargan la historia de los sucesos que vivimos con anterioridad. De diferentes maneras, aunque no estemos totalmente conscientes de ello, el saber común ha tocado algo de este tema.

Partamos del verso que algunos atribuyen a los chinos y otros al budismo: “No vemos al mundo como es, sino como somos”. Estas palabras encierran una gran sabiduría, señalan que no importa lo novedoso que sea un paisaje, una comida, una película, un trabajo o una relación, parece que no podemos realmente aprehender lo que hay allá afuera, del otro lado de uno mismo, ya que ese mundo está impregnado de nosotros mismos.

Esto explicaría por qué este mundo a veces se antoja maravilloso, pero que en muchas ocasiones lo percibimos desolador. En estos momentos, sin proponérnoslo, los estragos económicos de la pandemia, el agotamiento de los recursos naturales o las desfachateces del gobierno nos pesan de tal manera que cada día amanecemos cargando cosas que proyectamos al mundo.

Eso influye directamente en el talante con el que nos levantamos y cómo observamos y experimentamos nuestro día a día. Nos cuesta mucho separar ese pasado que vivimos en cada presente sin saberlo, de lo que el mundo nos muestra. Cada pensamiento es, en realidad, una predicción de un futuro que está basado en la experiencia de un pasado… O quizá la condena de un pasado.

De aquí podemos recordar la expresión común que se lanza como consejo: “Olvídate del pasado”, y podemos darnos cuenta que es un acto improbable. El pasado está codificado en la mente, ya sea dentro de una memoria episódica, corporal o semántica, no tener memoria significaría la imposibilidad de recordar. La intención del consejo no es mala, lo que se busca con ese mandato es que el pasado no impida reconocer un presente que es un medio diferente. Éste es un ejercicio muy deseable. También podemos pensar en el concepto de la profecía autocumplida que se utiliza de manera conversacional para explicar el fenómeno de tener miedo de que algo suceda y vivir ese suceso temido habiendo labrado el camino hacia él; como si el solo hecho de pensarlo lo pudiera evocar y hacerlo realidad. Este concepto es una ligera desviación de lo que propone el sociólogo estadunidense Robert King Merton, al tener una definición falsa de la realidad se origina una nueva conducta de esa falsa realidad que se convierte en verdadera. En pocas palabras, ¿qué es lo que se cumple finalmente? Aquello a lo que se teme.

Desde las neurociencias, el estudio de la memoria nos permite entender que la mente está realizando, de manera constante, predicciones sobre la realidad a partir de información que se tiene como experiencia o conocimientos del pasado. De esta manera, eso que creemos ver en el presente está codificado a partir de información que ya existe.

Así, mirar con ojos nuevos se refiere a la posibilidad de separar eso que ya sabemos del mundo de aquello que está sucediendo en el mundo. Reconocer que la mente casi de manera inmediata busca predecir lo que va a pasar; un simple ejemplo es el “sabía que ibas a decir eso”. Tal frase demuestra cómo se está impedido para pasar a algo nuevo, porque se espera recibir lo mismo. La psicoterapia permite al sujeto dejar fabricar un futuro igual a su pasado, reconocer esta experiencia y esta concepción del mundo que lo limita a cosas nuevas.

Cada uno de nosotros puede procurar tener ojos nuevos para pensar un mundo diferente al que ya conocemos, desprendernos de sucesos que pueden ser descorazonadores y dejar un vacío que permita leer el presente sin brincar, inmediatamente, a posibilidad de que la predicción pueda cumplirse. Ojos nuevos que con paciencia no esperan saberlo todo desde un primer momento. Ojos nuevos que permitan pensar en un mundo inédito y que no condenen el presente a lo que ya conoce como pasado. Ojos nuevos para un nuevo año.

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