La generación discriminada (parte II)
Los jóvenes no la tienen más fácil.En primer lugar, la entrada al campo laboral muchas veces no es lo que soñaron mientras estudiaban la secundaria o preparatoria. Para aquellos que apostaron tanto por carreras universitarias como técnicas hoy se topan con un ...
Los jóvenes no la tienen más fácil.
En primer lugar, la entrada al campo laboral muchas veces no es lo que soñaron mientras estudiaban la secundaria o preparatoria. Para aquellos que apostaron tanto por carreras universitarias como técnicas hoy se topan con un mercado que les reclama experiencia para su primer trabajo, a veces tan absurda como de tres años cuando acaban de terminar sus estudios, tienen apenas 22 o 23 años.
Luego, bajo el pretexto de que son aprendices —cuando en realidad y en cierto sentido todos cuando entramos a un nuevo trabajo lo somos— y de que la curva de aprendizaje tardará entre tres a seis meses, se les contrata como becarios, con un sueldo más bajo —porque están aprendiendo— y así les resultan más económicos a las empresas.
El panorama “mejora” entre los 25 y los 36 años, pues es la edad más favorecida para la contratación laboral. Este grupo ya no sólo es (des)calificado de joven, ahora son, además, millennials, aunque por año de nacimiento ya son, más bien, centennials. Millennial hoy es una etiqueta cargada de miramientos y juicios.
La Gen X y los boomers que, en muchas cuestiones tienen una diferencia de valores importante, que no son mejores ni peores, les critican a los millennials su falta de compromiso y sus ganas de independencia. Si bien pueden existir rasgos particulares en las generaciones debido a la educación que recibieron, a las actividades de entretenimiento con que ocuparon sus momentos de ocio y hasta los mensajes políticos que escucharon de manera sutil, pero incesante, no es lo mismo tratar de describir los rasgos de una generación que catalogarla y adjudicarles un valor con respecto a otras.
El conflicto entre las generaciones guarda en el fondo una rivalidad que en momentos puede ser considerada edípica: la lucha del joven por ocupar el lugar del padre; algunos otros la llaman lucha por la supervivencia y ésta ha existido siempre. El choque generacional no es nada nuevo; sin embargo, describirlos como “generación mazapán” porque se desmorona es robarles su identidad y pauperizar los atributos que los caracterizan, aunque éstos puedan ser contrarios a las generaciones anteriores. El individualismo y el tema de la vida líquida, la veleidad de las relaciones, la vanidad, la necesidad de reconocimiento son factores que comenzaron a gestarse desde los años 60, así que afirmar que la generación nacida alrededor del año 2000 (que estrictamente ya ni siquiera son millennials) representa dichos factores es una farsa. Con o sin intención, es lo que las generaciones anteriores transmitieron.
En México, en algunos sectores laborales, como en los centros de investigación, la jubilación no tiene edad. Muchos optan por prolongar su actividad profesional y temerosos de perder sus prestaciones no se jubilan a los 65, y si muchas de éstas son casi heredadas, la mayoría de los puestos son ocupados por boomers o Gen X. La esperanza de vida ha aumentado, no así los puestos, y si añadimos la poca inversión que existe para ampliar las plazas y que, siguiendo el ejemplo de la investigación, cabe señalar no han crecido significativamente desde la década de los 70, pero lo que sí ha aumentado son los profesionales capacitados para ocupar esos lugares. El resultado es que muchos jóvenes millennials, incluso centennials, se ven obligados a abandonar sus profesiones porque las plazas siguen ocupadas por los boomers y algunas pocas por Gen X. Poco queda para ellos.
Por si fuera poco, las becas otorgadas por Conacyt y otras entidades de gobierno también han surgido graves recortes, de tal manera que los que tenían posibilidad de desarrollarse en el exterior y quizá conseguir plazas (después de cumplir su deuda laboral en México) no tienen como acceder a estos espacios. Sin hablar de que esta situación no es exclusiva de México; a nivel mundial, los boomers siguen dominando. Así, la Generación Z saldrá a la vida laboral para competir por pocos puestos, con pocas oportunidades de trabajo, con sueldos muy castigados, con pocas becas y/o apoyos del estado para desarrollarse en su profesión. Quizá no se podrá decir que es discriminada, pero lo que no se puede negar es que sí es una generación con un futuro restringido, con posibilidades coartadas, pocas esperanzas ante un mundo en crisis, muy diferente al que recibieron las generaciones anteriores, con mucha competencia para lograr no solo un buen vivir, sino por la supervivencia. Y, además por una incertidumbre, que, si bien siempre está presente, en estos momentos difícilmente puede pintarse de esperanza.
Estos jóvenes tendrán, porque no les queda de otra, que desarrollarse en un mundo de reglas rígidas, que tiene poco espacio, en una ecología que de seguir así devendrá en moribunda. A ellos les corresponde, lo quieran o no, regenerar, con ingenio, con la ayuda de la tecnología y quizá con otros valores que deben aprender muchos más comunitarios, decidir con sus acciones, no con sus intenciones, lo que queda.
