La falacia de “atender las causas”
La pereza intelectual es un vicio de nuestra época. Las redes sociales fomentan este tipode pereza. Mensajes cortos que sacian preguntas superficiales; soluciones fácilesque disfrazan la angustia de vivir; consejos de no más de 15 segundos...
Existen ideas que en papel y en la teoría parecen lógicas y sensatas, pero que en el complejo entramado que es la vida en sociedad resultan simplonas y faltas de inteligencia. Éste es, sin duda, el caso del concepto de atacar las causas. Esta ideología nos concierne porque ha primado en las políticas públicas de México desde la administración del expresidente López Obrador.
Entender y aceptar la complejidad pertenece al terreno de la inteligencia. Por el contrario, la simplicidad comprende al terreno del engaño y probablemente constituya propaganda por parte de quien la emite, ya que —además— incurre en la falacia de explicar o describir un todo por apenas un rasgo. Por otro lado, también exhibe la pereza intelectual de aquéllos que —con una idea corta, sencilla y simple— obturan por completo la capacidad de reflexión porque han “encontrado” una respuesta que “encaja” en el espacio que tenían para pensar en una pregunta.
La pereza intelectual es un vicio de nuestra época. Las redes sociales fomentan este tipo de pereza. Mensajes cortos que sacian preguntas superficiales; soluciones fáciles que disfrazan la angustia de vivir; consejos de no más de 15 segundos (promedio en TikTok) para temas tan diversos como enamorarse, dar una asesoría legal o maquillarse. Todo eso “satisface” la curiosidad que se puede tener cada día, pero esta satisfacción nos obtura, porque son respuestas que se encontraron a la mano y, por tanto, no hay un deseo de profundizar, lo más probable es que lo olvidemos.
“Atender las causas” es justamente un concepto exitoso porque “confirma” lo que ya se piensa. Es decir: es lógico que esto pase por aquello. Esta solución parecería invocar principios como el de Aristóteles en su Metafísica, donde planteó que: “Decimos que conocemos algo cuando conocemos su causa primera y su principio primero”. En esta salida hay una perversión de un principio filosófico a un modelo de sociedad, puesto que entender las causas, si bien es el paso necesario para dar una solución racional y justa, aunque como en el contexto actual no hay un entendimiento profundo de las causas, la solución no puede ser ni racional ni justa. Las respuestas resultan simplonas: “La causa principal del crimen es la pobreza”. Sin embargo, los sistemas humanos —como la violencia, la pobreza o la educación— tienen causas múltiples, que dependen entre sí y que también cambian. Pero los discursos ideológicos tienden a reducir esa complejidad a un solo factor fácil de comunicar o de controlar.
Atender las causas será plausible siempre y cuando se tenga en cuenta un abordaje sistémico. Es decir, las situaciones siempre son resultado de varias causas y sistemas, nunca será efecto de una sola causa. Pensar que la pobreza es el origen único es una manifestación discriminatoria y prejuiciosa. Se cae en un determinismo que condena a más de 30% de la población (en México). La lógica de este pensamiento es: “Roba porque es pobre, mata porque no tuvo oportunidades”. Se dejan afuera el psiquismo, la cultura, la educación, las instituciones (su existencia, fortaleza y/o debilidades) y, en este caso, sobre todo se deja fuera el reconocimiento de la debilidad de la ley y la justicia.
En este artículo pongo un acento en el factor del psiquismo humano, con sus odios, pasiones y perversiones. Es sabido que muchos grupos sociales están negados a reconocer a la salud mental y a los mecanismos mentales como factores vitales en las dinámicas de una comunidad, lo cual es un gravísimo error, cabe recordar que las conductas antisociales presentes en la perversión y en la sociopatía son independientes al estrato social. No en vano, Hobbes plantea en Leviathan que “el hombre es el lobo del hombre”, pero puede no ser así cuando puede detenerlo el miedo a las repercusiones de su acto; miedo a que lo “cachen”, al castigo. Por tanto, el único límite frente a la perversión y a la apropiación indebida de lo ajeno es la ley, y quien no se atiene a ella enfrenta el castigo. Esto sí puede detener las conductas antisociales.
Atender las causas es una justificación directa de la delincuencia que impide que se aplique la ley, como si el acto de comprender fuera suficiente para regir una sociedad. Se usa para ignorar la propia responsabilidad, reducir la complejidad del problema y, por lo tanto, perpetua la dependencia del régimen en el poder. CUIDADO: el peligro de continuar por esta vía es la descomposición social profunda, en la que todos tienen una razón para delinquir o no respetar el pacto social. Si no nos salvamos como comunidad, el futuro se convertirá en aquella máxima del hombre es el lobo del hombre, que se traduce en el individualísimo y desolador sálvese quien pueda.
