Eso que llamamos amistad
Para Aristóteles, la amistad es una virtud, “la cosa más necesaria en la vida.Sin amigos nadie escogería vivir, aunque tuviese todos los bienes restantes”.No hay poder que pueda comprar la verdadera amistad.
La amistad es lluvia de flores preciosas.
Ayocuan Cuetzpaltzin
La amistad es como la hermana modesta del amor, ése grandote que se lleva todos los premios y atenciones. No es una metáfora pintoresca, en realidad, la palabra amigo tiene en su raíz la palabra amar. Así, la amistad es una forma de amor. Para German Dehesa, “la amistad era la forma más elegante y más generosa del amor”. Incluso mencionaba que la institución más importante de México era la “cuatitud”. “Cada día estoy más convencido de que nuestro país no sobrevive gracias a nuestra clase gobernante o a nuestras jerarquías o a nuestras sólidas instituciones; sobrevive porque existen las cuatas y los cuates. Sin la cuatitud, nuestra casa ya se hubiera derrumbado con un estrepitoso estallido de silencio. Pero para eso están los cuates, para que el árbol de la esperanza se mantenga firme”, escribió en un texto publicado en diciembre de 2003.
Los cuates puede parecer una denigración de la palabra amigo. Sobre todo, con un “me voy con mis cuates”. Cuates se refiere también a hermanos mellizos, que no son idénticos; de ahí eso de que mi cuate es mi hermano, hermano de tiempo, hermano de vida. Quizás el problema radica en el abuso de las palabras amigos y cuates.
Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, escribe en el libro VII acerca de la amistad, ahí distingue la existencia de varios tipos, uno de ellos es el que está basado en el interés, en la ganancia que se puede obtener entre unos y otros. En muchas ocasiones se utiliza la palabra amistad como eufemismo para el oportunismo. En la política y en las esferas del poder se utiliza la palabra “mi amigo” como una especie de apadrinamiento, como la garantía de protección, pero lo que esconde y debería escucharse que más que amistad es un trato de compra-venta del alma con el diablo.
Ante estos “oportunismos” es importante reflexionar acerca del concepto amistad, sólo así podremos devolverle la dignidad a la palabra, su pleno sentido y, así, podremos recordar que es un lazo que nos permite crecer y acompañarnos en la vida, que conlleva cuidados, no cadenas ni condiciones, mucho menos un cautiverio del ser.
Para Aristóteles, la amistad es una virtud, “la cosa más necesaria en la vida. Sin amigos nadie escogería vivir, aunque tuviese todos los bienes restantes”. No hay poder que pueda comprar la verdadera amistad. Y, paradójicamente, como también lo señala el filósofo griego, son “los ricos mismos, y las personas constituidas en un mando y dignidad, parecen más que todos tener necesidad de amigos”. Es en el poder donde más se necesita una amistad, una voz que disienta, que, de considerarlo necesario, pueda confrontar, que ayude a mostrar que existen otros puntos de vista. Sí, los amigos deben cuestionarnos para que podamos seguir creciendo. A diferencia de la diplomacia, donde se dice que los Estados no tienen amigos, sólo intereses. Pero en el terreno humano, la amistad parece existir por naturaleza en el que engendra hacia lo que ha engendrado. Así, la amistad perfecta es la que existe de la gente de bien y semejante en virtud, porque estas personas se desean igualmente el bien por ser ellos buenos y son buenos en sí mismos.
Acerca de la amistad y del éxito existen puntos de vista encontrados, cuando el éxito se limita a ser entendido como fama, reconocimiento, dinero o poder; es entonces cuando aparecen quienes buscan sacar provecho, los que quieren bañarse de la brisa de oro que despide el mar del éxito. El cinismo haría pensar a estos sujetos que son sagaces e inteligentes, pero en realidad sólo están desprovistos de ética, es probable que abusen de su posición y que en la práctica especulen para el propio beneficio. Por otro lado, están las personas que, siendo amigos, no soportan el éxito del otro y se alejan por envidia. La envidia no es únicamente desear poseer lo que el otro tiene, sino —y sobre todo— desear que el otro no tenga lo que tiene, a pesar de que el envidioso tampoco lo tendrá. Así, la envidia es un mecanismo muy antiguo y primitivo de la mente, para Melanie Klein, la envidia es pulsión de muerte; por ello, es la verdadera enemiga de la amistad.
El gran reto es poder ser amigos en las buenas y en las malas; es decir, poder soportar el éxito del otro sin sentir que el propio yo se disminuye o pierde valía, soportar la competencia y, por otro lado, también acompañarlo y apoyarlo en sus fracasos y momentos más difíciles. La amistad, pues, es saber acompañarse y también entender que va modificándose durante las diferentes etapas de la vida, pero ése es otro tema. Por lo pronto, recuperemos el concepto de amistad de Mario Benedetti: “Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto. Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A éstos los llamo mis amigos”.
