El 25

La emoción es estar los primos juntos, por ejemplo, puede resultar hasta contagioso.

Los 25 de diciembre tienen una sensación diferente a los otros días del año. Además, se van transformando en calidad mientras vamos creciendo. Como que nos vamos posicionando de diferentes formas frente a este día. La primera mención es para aquellos que viven la Navidad desde el corazón de la religión y, por tanto, más allá del ambiente que rodea a la familia, siempre estará cargada de alegría y esperanza. Benditos todos ellos.

Asimismo, desde lo que va sucediendo en lo individual, cada uno puede ver otras cosas. Cuando somos menores de tres años, el 25 de diciembre no significa mucho. Significa mucho para los padres que quieren hacer que esta fecha signifique para nosotros. Nos recuerdan que es un día familiar, un día de estar juntos, buscan ilusionarnos y ponernos contentos mostrando una especie de concesión en la cual esas cosas que, por lo general, durante el resto del año no estaban dispuestos a darnos son, ese día, una posibilidad. Todo un umbral de la excepción que después nos costará mucho trabajo ubicar en la vida, ya que queremos esa excepción una y otra vez.

Entre los tres y los diez años parece estar muy establecida en nuestra cabeza la idea de que la Navidad llega con un ritmo en el año, pero que en el fondo está hecha para nosotros. Es una época idílica que se vive con mucha ingenuidad, en la que cada brillo del árbol cuenta, las cajas forradas de regalos de diferentes colores. Claro, ésta es la parte idealizada entre hermanos, primos, abuelos, tíos, padres, etcétera, y así comienzan penosas comparaciones acerca de quién sí tuvo su juguete favorito y a quién no le fue concedido. El tema es interior la mayoría de las veces, pero, de no elaborarse bien, quedará como marca estar evaluando lo que uno recibe a partir de lo que otros reciben.

Llegada la adolescencia, digamos a partir de los 12, nos damos cuenta de que la Navidad es ese momento en que nos reunimos con una buena parte de la familia y, aunque no siempre son tus favoritos, convengamos que siempre existe una parte de la familia con la que se pueden tener más afinidades en edades. La emoción es estar los primos juntos, por ejemplo, puede resultar hasta contagioso. Este es un gran periodo.

Entre la adolescencia y la adultez comienza a cambiar un poco eso del “sentido de la Navidad”. A veces los miembros de las familias heredaron ya parte de las querellas entre los familiares, así que si los hermanos están peleados, probablemente lo sobrinos ya no se lleven tanto, los abuelos pueden estar un poco más quejosos y es difícil ver a alguien que siempre había sido el fuerte, el invencible, cómo empieza a decaer.

Pasados los 40 estás tratando de sembrar en los menores de tres que el día 25 es un día mágico en la vida, pero también estás tratando de dilucidar si este año harás o no pavo, o si la pierna se la comen mejor tus invitados y quizá es más fácil de hacer. Probablemente, también estarás pensando si los romeritos y el bacalo eran realmente lo que estás esperando con fervor a principio del año. Se escuchan con muchísima frecuencia las quejas ante la comida tradicional navideña, ya sea por pavo, romeritos, bacalao, fruit cake, la ensalada y demás…, pero en el fondo lo que no se puede dejar de ver, porque detrás de toda la preparación subyace el diseño de la comida. Y aún más: detrás esa preparación hay una forma de amor.

Mención especial para aquellos que, con orgullo, no celebran nada y deciden no hacer nada especial de este día. Es más, se consideran un club, recordando a Germán Dehesa como un buen representante de ellos “Mi repeluz por la Navidad es genuino, es durable y es bonito. Creo que con el Club de Scrooge les estoy brindando una esperanza a millones de mexicanos (mayoritariamente casados y del sector masculino) que por tantos años han sufrido las penurias, las congojas, las fatigas de tener que financiar la Navidad familiar y además poner cara de que está muy feliz al contemplar cómo la piraña mayor devora su aguinaldo y se sigue con la tarjeta”. Ese grupo debería estar muy agradecido porque el periodo navideño, con su pináculo del día 25, les permite dar rienda suelta a la queja. Y hay que decirlo quejarse en una actividad evacuativa muy placentera para quién lo hace, no tanto para quién lo recibe, pero bueno digamos que si quien lo recibe está muy navideño, lo dejará pasar. En este club hay un subgrupo para el cual éste es el día especial de no hacer nada especial. Y quizá sólo queda agradecer, como siempre que se puede, que lo más emocionante es estar vivos. El acento lo podemos poner en los cumpleaños, navidades, los días del perdón o en los ayunos, entre otras, pero debemos reflexionar sobre el acto de conmemorar que es una manera de decorar con sentido la vida.

Así, ojalá que el día de hoy te encuentres siendo parte de este acto de generosidad. Ya sea porque lo estás recibiendo (¡recibir la queja del otro sin quejarse es muy generoso!) y puedes vivir todo el amor que hay en ello o porque lo estás aportando para otros. ¡Feliz 25 de diciembre!

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