Activismo femenino, el reto de cambiar la historia

Imagen de la Mujer

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Por Ma. Patricia Herrera Gamboa*

A lo largo de los últimos años y con el incremento de la violencia hacia las mujeres y su lucha contra la discriminación, por la igualdad, contra el feminicidio y por los derechos humanos, han surgido movimientos de activistas, incluyendo figuras públicas como actrices, cantantes, periodistas, escritoras, políticas o influencers, que desde sus trincheras aprovechan su fama y liderazgo para manifestar su apoyo a la causa, pero también están las mujeres que sin gozar de fama o seguidores, alzan la mano en defensa de las mujeres anónimas que todos los días sufren maltrato, violencia o discriminación en su entorno, formando cadenas de activistas en todo el mundo.

Si bien no hay una definición única para el término activista, la RAE la define como militantes de un movimiento social, de una organización sindical o de un partido político, que interviene activamente en la propaganda y el proselitismo de sus ideas. Pero más allá de eso, un activista es la persona que colabora de manera comprometida a promover y defender derechos proponiendo cambios sobre temas sociales o políticos, buscando crear conciencia y abogar por la justicia, derechos humanos o incluso la protección del planeta.

Hoy en día, existen miles de definiciones para referirse al activismo, en diccionarios, leyes, decretos, plataformas digitales, con IA o como lo definen los propios grupos sociales, públicos y privados del mundo. Pero el activismo sigue siendo el mismo y lo importante no es su definición, sino lo que pretende hacer a través de diversas vías como manifestaciones públicas, ciberactivismo, artículos, canciones y hasta boicots ante autoridades ejecutivas, legislativas o judiciales, con una sola idea, lograr sus objetivos de cambiar las leyes para un mundo más humano.

La parte loable de estos grupos es que la mayoría se han formado sin apoyos de los gobiernos y trabajan al unísono a través de las redes y la internet, con el fin de visibilizar dichos problemas y exigir acciones, no sólo externan una opinión, sino llevan a cabo actividades concretas para su lucha, peleando por ser escuchadas “con uñas y dientes”.

En México, las mujeres iniciaron esta lucha histórica aún sin considerarse activistas, ya que el término se acuñó a principios del siglo XX (1915), por ello las primeras mexicanas que se podrían considerar activistas no tuvieron conocimiento de ello y entre un sinfín de nombres destacan: Rita Cetina Gutiérrez, pionera en la educación secundaria para niñas en Yucatán; Elvia Carrillo Puerto, que luchó por el voto de la mujer, la educación sexual y los derechos reproductivos; Hermila Galindo, promotora del sufragio femenino y la igualdad e incluso Sor Juana Inés de la Cruz, que luchó por la igualdad intelectual aún con sus limitaciones eclesiásticas.

Es importante comentar que en nuestro país las mexicanas están más activas que nunca para impulsar y proteger los temas mencionados y sobre todo la lucha feroz para acabar con el feminicidio. Algunos de sus logros se cuentan en los registros públicos, con nombre y apellido, entre ellas Olimpia Coral Melo, impulsora de la Ley Olimpia, contra la violencia digital y la difusión de contenido íntimo; María Salguero Bañuelos, creadora del mapa de feminicidios, y Carmen Sánchez, sobreviviente de violencia ácida, quien fundó una organización para brindar apoyo legal y médico a otras víctimas.

Por ello, los gobiernos, las instituciones y la sociedad no sólo no deben criticar esta lucha, sino al contrario deben solidarizarse y brindar apoyo, tanto económico como moral, para que esta lucha acabe de una vez por todas y las nuevas generaciones de mujeres mexicanas encuentren una vida libre de violencia, un panorama más igualitario en su desempeño personal y profesional, en un país justo y con igualdad de oportunidades. ¡Levantemos, pues, la voz!

*herrerapat@yahoo.com 

X @herrera_pat