El respeto también debería ser noticia

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

Hay personajes que parecen convencidos de que el escándalo permanente es una forma de mantenerse vigentes. Mientras más insultan, más titulares consiguen; mientras más confrontaciones protagonizan, más cámaras aparecen. Sin embargo, llega un momento en el que la discusión deja de ser sobre el personaje y se convierte en una reflexión sobre los límites que una sociedad debe poner al respeto y a la convivencia.

En días recientes volvió a surgir una nueva polémica protagonizada por Alfredo Adame. Durante su llegada al aeropuerto, una reportera le formuló una pregunta relacionada con un tema familiar y la respuesta fue una grosería dirigida hacia la periodista. El video circuló ampliamente en redes sociales y volvió a dividir opiniones.

Cada quien puede sacar sus propias conclusiones sobre ese episodio, pero sí vale la pena preguntarnos si la agresión verbal se ha normalizado demasiado en el mundo del espectáculo.

Una cosa es tener diferencias con la prensa, con otros artistas o con personajes públicos. Otra muy distinta es responder sistemáticamente con insultos, descalificaciones o expresiones ofensivas.

El espectáculo mexicano ha tenido grandes polémicas y seguramente seguirá teniéndolas. Son parte de una industria donde existen egos, competencia y opiniones encontradas. Pero la ofensa permanente jamás debería convertirse en un mérito ni en una estrategia de promoción.

Los medios de comunicación también tenemos una responsabilidad. Cada entrevista, cada micrófono y cada espacio representan una decisión editorial. Esa decisión debe considerar no solamente el interés que pueda generar una declaración explosiva, sino también el mensaje que se envía al público.

La libertad de expresión es un derecho irrenunciable. También lo es el respeto hacia quienes realizan su trabajo y hacia quienes piensan distinto.

LA OTRA CARA DE LA FAMA

Cambiando completamente de tema, hay situaciones que sigo sin comprender.

Verónica Castro es, sin lugar a dudas, una de las figuras más importantes que ha dado el espectáculo mexicano. Su trayectoria es enorme, su legado, permanece vigente, y el cariño que el público le tiene nadie puede discutirlo.

Precisamente por eso, cada vez que aparece en un evento público la expectativa es enorme.

Hace unos días volvió a suceder. Su presencia generó una auténtica movilización de reporteros, fotógrafos y camarógrafos que buscaban obtener una declaración. La atención mediática era completamente previsible.

Nadie está obligado a conceder entrevistas. Eso debe quedar perfectamente claro. Cualquier artista tiene derecho a guardar silencio.

Sin embargo, cuando una figura de esa dimensión acepta asistir a un acto abierto a la prensa, también resulta natural que exista interés periodístico.

Lo ocurrido en distintos eventos recientes terminó generando momentos de tensión entre organizadores, representantes y medios de comunicación.

Quizá bastarían un saludo, unas cuantas palabras o una explicación previa para evitar malos entendidos. La relación entre artistas y prensa no tiene por qué convertirse en un campo de batalla.

Después de tantos años de carrera, Verónica Castro conoce perfectamente el funcionamiento de los medios. Sabe que su sola presencia genera noticia. Tal vez por eso mismo convendría encontrar un equilibrio entre su legítimo derecho a reservar aspectos de su vida y el interés informativo que despierta.

ACAPULCO TAMBIÉN NECESITA BUENAS NOTICIAS

En medio de tantas controversias, también vale la pena hablar de acontecimientos que dejan un buen sabor de boca.

Tuve la oportunidad de asistir al homenaje realizado a Roberto Palazuelos en el puerto de Acapulco.

Fue un acto cargado de simbolismo.

Frente a la emblemática Quebrada se develó un monumento con forma de vela para reconocer varias décadas de trayectoria y su vínculo con uno de los destinos turísticos más importantes de nuestro bello país.

Más allá de simpatías o diferencias, hay algo que resulta innegable: durante años ha apostado por Acapulco.

En momentos en que el puerto continúa trabajando para recuperar su fortaleza económica y turística, cualquier esfuerzo que contribuya a proyectar una imagen positiva, suma.

Acapulco necesita inversiones, necesita visitantes, necesita confianza y necesita que el país vuelva a mirar hacia ese lugar que durante décadas fue orgullo nacional.

El homenaje fue también una oportunidad para recordar que Guerrero sigue de pie y que, detrás de cada reconocimiento, existe un mensaje de esperanza para miles de familias que viven del turismo.

CUANDO LA SOLIDARIDAD ES MÁS IMPORTANTE QUE LOS REFLECTORES

En los días recientes, diversos artistas venezolanos han hecho llamados públicos para apoyar a sus compatriotas afectados por la emergencia que atraviesan distintas comunidades de su país.

Cuando ocurre una tragedia, desaparecen las diferencias políticas, ideológicas y personales. Lo verdaderamente importante es tender la mano.

Los artistas tienen un privilegio enorme: poseen una voz capaz de movilizar conciencias y reunir ayuda en cuestión de horas.

Ojalá que ese llamado encuentre eco en toda América Latina.

Porque cuando un pueblo sufre, la solidaridad no debería tener nacionalidad.

Los escenarios, los discos, las alfombras rojas y los premios pasan a segundo plano cuando miles de familias necesitan alimentos, medicinas, agua y esperanza.

El espectáculo también puede convertirse en una herramienta para cambiar vidas.

REFLEXIÓN FINAL

Vivimos tiempos donde el escándalo parece vender más que el talento y donde una frase ofensiva consigue más reproducciones que una buena acción.

Sin embargo, el verdadero prestigio no se construye a base de gritos, insultos o confrontaciones.

Se construye con respeto.

Se construye con trabajo.

Se construye entendiendo que detrás de cada cámara hay un profesional haciendo su labor y detrás de cada micrófono existe un público que merece algo mejor que el espectáculo de la agresión permanente.

Ojalá que el medio artístico siga generando noticias por sus logros, por su solidaridad y por su capacidad para unir, no para dividir. Al final, eso es lo que permanece cuando se apagan totalmente las luces.