DIEZ AÑOS DE HISTORIAS, CONFESIONES Y DESTINOS
Este sábado, a las ocho de la noche, por Imagen Televisión, canal 3.1, tendremos una emisión muy especial de El minuto que cambió mi destino, sin censura, programa que está a punto de cumplir 10 años al aire, prácticamente los mismos que nuestra televisora. Una década entrevistando a personajes que han marcado la historia del espectáculo, el deporte, la cultura y la televisión mexicana.
En esta ocasión me acompaña una mujer que prácticamente nació frente a las cámaras, pero cuya vida personal ha tenido capítulos dignos de una telenovela: Marichelo Puente Portilla, hermana mayor de Anahí.
Marichelo, quien acaba de cumplir 48 años, comenzó su carrera siendo una niña en el inolvidable programa Chiquilladas. Después continuó como cantante y actriz, se convirtió en madre de tres hijos y tuvo que reinventarse sentimentalmente en varias ocasiones.
Tres matrimonios, tres divorcios y muchas historias que contar. El más reciente, con Jorge D’Alessio, integrante y líder de Matute e hijo de una de las intérpretes más importantes de México: Lupita D’Alessio.
Y aquí aparece una parte especialmente interesante de nuestra conversación.
Una cosa es ser nuera de una mujer común y corriente y otra muy distinta formar parte de la familia de Lupita D’Alessio: una mujer de carácter, personalidad, temperamento y una historia extraordinaria. ¿Cómo fue para Marichelo entrar a esa familia? ¿Cómo consiguió ganarse el respeto de Lupita? ¿Cómo construyeron una relación de respeto mutuo?
EL AMOR Y EL DESAMOR CON JORGE D’ALESSIO
Hablamos también de lo que ocurrió en su matrimonio con Jorge. Marichelo me platica su historia desde el enamoramiento hasta la separación y cómo ha tenido que reconstruir su vida.
Los invito este sábado, ocho de la noche, por Imagen Televisión, a celebrar con nosotros 10 años de entrevistas.
IMELDA GARZA: ¡QUE YA PAREN LOS ATAQUES!
En otro asunto, me parece una buena noticia que se hayan concedido medidas de protección a favor de Imelda Garza Tuñón y de su hijo menor de edad, en medio del conflicto que mantiene con Maribel Guardia, su esposo Marco Chacón y su representante legal.
Esta historia ha dejado de ser una diferencia familiar para convertirse en una guerra de declaraciones. Particularmente el abogado de Maribel ha aparecido en distintos medios haciendo señalamientos gravísimos contra Imelda. Y no se puede poner en entredicho el nombre de una persona como si una entrevista sustituyera las pruebas de un expediente.
Entre lo que se ha ventilado hay acusaciones relacionadas con el fallecimiento de Julián Figueroa. ¡Por favor! Estamos hablando de la muerte de un ser humano, del padre de un niño, no de un tema para conseguir una declaración escandalosa.
Si existe una denuncia, que se investigue. Si alguien tiene pruebas, que las presente ante la autoridad competente. Lo que no se vale es dejar flotando insinuaciones para que el público termine dictando una condena en redes sociales. Imelda tiene derecho a defenderse y a que se respete su presunción de inocencia.
Recordemos, además, que el cuerpo de Julián fue cremado. Cualquier afirmación sobre las circunstancias de su muerte debe estar sustentada en elementos verificables, no en una batalla mediática interminable.
EL TESTAMENTO Y LAS PREGUNTAS PENDIENTES
A lo anterior se suma el pleito por el testamento atribuido a Julián. La defensa de Imelda ha denunciado presuntas irregularidades y cuestionado la autenticidad de firmas; la otra parte ha rechazado estar involucrada en una falsificación. Es un asunto delicadísimo que tendrá que esclarecerse ante los tribunales mediante los peritajes correspondientes.
Porque si hubo falsificación, alguien deberá responder. Y si no la hubo, también tendrá que quedar establecido. Así funciona la justicia: con documentos, pruebas y resoluciones, no con discursos preparados para la cámara.
Me parece increíble que los adultos involucrados no comprendan el daño que puede provocar esta confrontación. En medio está un menor que ya sufrió la pérdida de su padre y no tendría por qué crecer viendo cómo su familia se despedaza frente a los micrófonos.
Las medidas de protección no son una sentencia definitiva sobre estos conflictos ni significan que alguien haya sido declarado culpable. Pero sí establecen límites que deben respetarse. Ojalá también sirvan para terminar con el espectáculo de los señalamientos.
Maribel puede defender sus intereses. Marco Chacón también. Imelda tiene exactamente el mismo derecho. Una cosa es lo que las partes declaren y otra, muy distinta, lo que puedan acreditar ante un juez.
Ya basta de juicios televisados. Que hablen los expedientes, que se conozcan las pruebas y que las autoridades determinen las responsabilidades. Sobre todo, que se piense en ese niño. Porque su tranquilidad vale mucho más que ganar una entrevista o quedarse con el último titular.
