Lucía Méndez rompe el silencio, Pedro Sola se equivoca, Jaramillo se excede y Marichelo da lección

Gustavo A Infante
Última Palabra
Hay entrevistas que uno disfruta. Hay otras que sorprenden. Y existen algunas que, simplemente, marcan un antes y un después. Eso fue exactamente lo que ocurrió con la conversación que sostuve con Lucía Méndez para El minuto que cambió mi destino sin censura, que este sábado se transmitirá a las ocho de la noche por Imagen Televisión.
Se los digo con absoluta sinceridad: parece que a Lucía le quitaron un tapón de la boca. Habló de absolutamente todo. Sin reservas, sin evasivas y sin la menor intención de quedar bien con nadie. La vi relajada, sincera y, sobre todo, decidida a contar su verdad.
Durante años, Lucía Méndez ha sido una de las figuras más importantes del espectáculo mexicano. Una mujer que ha vivido el éxito, la fama internacional, los aplausos y también los golpes más duros de la vida. En esta entrevista me habló con enorme sentimiento de cuánto extraña a su madre, doña Martha. Confesó que el vacío que dejó su ausencia sigue siendo inmenso y que todavía hay días en los que quisiera llamarla para contarle cualquier cosa, como cuando era una muchacha que apenas comenzaba su carrera. También recordó la muerte de su hermano Carlos, una pérdida que la sigue acompañando y que pocas veces ha explicado con tanta apertura.
Por supuesto, hablamos de sus relaciones sentimentales. Del matrimonio con Pedro Torres, de cómo comenzó aquella historia, de lo bueno y lo malo, de los errores que ambos pudieron cometer y del enorme aprendizaje que le dejó esa etapa. Después abordamos ese segundo matrimonio que prácticamente se convirtió en un misterio para el público. Lucía lo explica con detalles que nunca antes había compartido y deja muy claro por qué decidió vivir esa historia prácticamente en privado. Pero eso apenas era el principio.
¿POR QUÉ ESTÁN PELEADAS LUCÍA Y VERÓNICA?
Durante décadas hemos escuchado versiones, rumores, chismes y especulaciones sobre la supuesta rivalidad entre Lucía Méndez y Verónica Castro. Todos hablan. Todos opinan. Pero casi nadie conoce realmente el origen del conflicto.
Este sábado, por primera vez con ese nivel de profundidad, Lucía explica qué ocurrió entre ellas, cómo comenzaron las diferencias y por qué esa relación terminó completamente fracturada.
Créame cuando le digo que muchas personas se van a sorprender. No voy a adelantar más porque perdería sentido la entrevista, pero sí puedo asegurarle que entenderá muchas cosas que durante años permanecieron envueltas en versiones encontradas.
EL DÍA QUE YURI PERDIÓ EL CONTROL
Otro de los momentos más fuertes de la conversación llega cuando hablamos de Yuri.
Lucía asegura que hubo un enfrentamiento muy serio entre ambas y relata un episodio en el que, según su versión, Yuri terminó mentándole la madre.
No es un tema nuevo, pero sí es la primera ocasión en que Lucía lo cuenta de principio a fin, con contexto, nombres y circunstancias. No hubo censura. No hubo preguntas prohibidas. Y tampoco hubo respuestas preparadas. Por eso estoy convencido de que será una de las entrevistas más comentadas de los últimos meses.
PEDRO SOLA CRUZÓ UNA LÍNEA
Cambiando completamente de tema. Todos podemos equivocarnos. Todos hemos dicho alguna tontería frente a un micrófono. Pero existen comentarios que simplemente no deberían pronunciarse jamás.
Me refiero a las declaraciones del conductor octogenario Pedro Sola respecto a los perros.
No estoy diciendo que haya cometido un delito. No estoy diciendo que haya matado a alguien. Pero sí considero que fueron expresiones agresivas, desafortunadas, profundamente insensibles y completamente fuera de lugar.
Hablar de dar carne envenenada a los perros y hasta sugerir que habría que balacear a quienes los pasean en carriolas rebasa cualquier límite del humor, de la ironía o de la opinión.
Las palabras tienen consecuencias. Y quienes llevamos décadas trabajando frente a una cámara sabemos perfectamente que millones de personas escuchan lo que decimos.
No podemos normalizar expresiones de violencia, aunque alguien después intente justificarlas diciendo que fueron una broma.
Tan grave resultó el comentario, que finalmente terminó pidiendo una disculpa. Más vale tarde que nunca.
Sin embargo, también creo que llega un momento en que algunos personajes deberían entender que la televisión ha cambiado, que los tiempos son distintos y que ya no todo se puede decir frente a una cámara. No se trata de censurar.
Se trata, simplemente, de tener sentido común.
CUANDO EL FUTBOL SE CONVIERTE EN BURLA
El Mundial despierta emociones, alegrías, tristezas y pasiones.
Y también rivalidades. Eso forma parte del deporte. Lo que ya no forma parte del deporte es burlarse sistemáticamente de un país entero.
Me llamó mucho la atención la actitud de la conductora ecuatoriana Alejandra Jaramillo. No tengo el gusto de conocerla. No tengo absolutamente nada personal contra ella.
Pero sí me parece evidente que nunca terminó de digerir la eliminación de Ecuador a manos de México.
Cada comentario y publicación. Cada reacción parecía demostrar que aquella derrota seguía pesándole.
Y cuando Inglaterra eliminó a la Selección Mexicana prácticamente celebró como si hubiera ganado la Copa del Mundo.
Está en todo su derecho de apoyar al equipo que quiera. Eso nadie se lo discute. Lo que me parece innecesario es utilizar la derrota de otro país para burlarse de millones de aficionados.
Más aun cuando trabaja para Univision, una cadena cuyo público está integrado mayoritariamente por mexicanos y mexicoamericanos que durante años han sostenido sus niveles de audiencia.
Hay que tener sensibilidad y entender dónde se trabaja y para quién se comunica.
Pedro Sola ya ofreció una disculpa, tal vez obligado y presionado, pero la ofreció.
Hasta este momento, Alejandra Jaramillo no ha considerado necesario hacer lo mismo. Y eso también dice mucho.
MARICHELO DIO UNA LECCIÓN DE MADUREZ
En contraste con tanta polémica, hubo una respuesta que me pareció ejemplar. A Marichelo le preguntaron qué opinaba del video donde aparece su exesposo, Jorge D’Alessio, besando a otra mujer en la famosa Sala de Despecho de la Ciudad de México.
Muchos esperaban un escándalo.
Una indirecta.
Un reclamo.
Una escena de celos.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Con absoluta serenidad respondió algo muy sencillo.
Dijo que la gente no ha entendido que ella y Jorge ya están divorciados. Que él es completamente libre de besar a quien quiera. Y que, mientras tanto, ella está concentrada en lo verdaderamente importante: la crianza de sus hijos.
Así de simple, elegante y madura.
Qué diferencia hace una persona cuando entiende que cerrar un capítulo también significa dejar de vivir pendiente de la vida del otro.
No todo divorcio tiene que convertirse en una guerra.
No toda separación necesita terminar en tribunales o en los programas de espectáculos.
A veces basta con aceptar que cada quien debe seguir su camino.
Y creo que Marichelo acaba de demostrar exactamente eso.
En tiempos donde abundan las peleas públicas, las declaraciones explosivas y los escándalos interminables, una respuesta serena termina llamando mucho más la atención que cualquier grito.
Nos leemos en la próxima.