1. De risa. La presidenta Claudia Sheinbaum señala que las denuncias de Alejandro Moreno en EU “dan risa” y que las investigaciones contra sus cercanos no son asunto político, sino de delitos. Alito podrá tener la credibilidad menguada, pero eso no convierte automáticamente cualquier acusación en una farsa ni cualquier investigación en prueba de culpabilidad. La Presidenta pide que Moreno busque respaldo entre los mexicanos, mientras las autoridades deberán demostrar que las indagatorias siguen su curso con sustento y conforme a derecho. La política mexicana camina por una delgada línea entre justicia y confrontación.
2. Batidero. En San Lázaro, el diputado Raúl Bolaños pide respetar el debido proceso en el expediente de desafuero contra Alejandro Moreno. Después de un año de que la Sección Instructora, presidida por Hugo Eric Flores, desechó la solicitud, nadie tiene claro qué sigue, pero todos tienen algo que decir sobre Alito. Morena habla de pendientes; el Verde pide no perseguir ni victimizar. Y mientras el expediente duerme bajo la etiqueta de la secrecía, las acusaciones siguen acumulándose: cinco carpetas y señalamientos por presunto daño patrimonial. La justicia avanza a velocidad de tortuga, la grilla corre.
3. Mala señal. En el Congreso quieren enseñar a los jóvenes a resolver sus diferencias con diálogo, pero primero tendrán que explicarle la lección a Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla. Tras el altercado con Arturo Ávila, María Teresa Ealy pide revisar su permanencia al frente de la Comisión de Juventud. El asunto tiene una ironía inevitable, quien preside el órgano encargado de representar a las nuevas generaciones terminó protagonizando exactamente la conducta que el Congreso dice combatir. Morena ya encontró el discurso; falta que encuentre la disciplina para aplicarlo puertas adentro. Porque para un pleito se necesitan dos.
4. Burla. Rocío Nahle tiene una administración experta en presumir prioridades, pero menos hábil para cumplirlas. Ahí está el caso de Cecilia Tzitzihua, joven fotógrafa de origen náhuatl que ganó un concurso del Instituto Veracruzano de la Juventud y, casi un año después, sigue esperando los 5 mil pesos prometidos. Para la foto oficial sí hubo ceremonia, reconocimiento y aplausos; para entregar el premio, se agotó la burocracia. Así se burlan de los pueblos originarios y de las juventudes. En Veracruz, el premio terminó siendo una lección: no confiar demasiado en las palabras de Nahle, donde 5 mil pesos se convierten en deuda histórica.
5. Incongruencia crónica. La ministra de la SCJN Lenia Batres no logró sostener el argumento jurídico de sus pares. Su proyecto, según lo planteado, pretendía sustituir un criterio de interpretación jurídica por otro de conveniencia administrativa. Paradoja para quien se autocalifica como la Ministra del Pueblo, pues una vez más terminó defendiendo más a la autoridad que al Derecho. Cuando los argumentos se debilitaron, pasó el debate al terreno personal. Batres acusó “animadversión” de sus colegas hacia ella y alegó una conspiración. Pero los proyectos se sostienen con razones jurídicas. Y simplemente no las hay.
