Venezuela: la nueva diplomacia

Desde su llegada, en mayo de 2015, a la Secretaría General de la OEA, Luis Almagro comprendió que para revitalizar la organización era indispensable construir un enfoque diplomático renovado que se comprometiera, en los hechos, con las obligaciones contenidas en la Carta Democrática, que los propios países miembros habían adoptado en septiembre de 2001, en Lima, Perú.

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

En esa tesitura, la crisis permanente que se vive en Venezuela generó una serie de iniciativas diplomáticas sin precedentes a nivel regional, así como en el ámbito multilateral y bilateral.

Entre dichas iniciativas, destaca el establecimiento del Grupo de Lima en 2017. Esta agrupación, integrada por países de la región comprometidos con los principios de la Carta Democrática, ha tenido un papel activo en la articulación de esfuerzos y pronunciamientos en torno a la grave situación por la que atraviesa Venezuela.

A la luz de múltiples esfuerzos para atender la profundización de la crisis humanitaria, el Grupo de Lima realizó una nueva reunión el 25 de febrero pasado. El encuentro contó con la presencia de los presidentes de Colombia, Guatemala y Panamá, así como la incorporación de Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela. Está previsto que la próxima reunión se realice en Chile.

Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, miembros del Grupo de Lima, emitieron una declaración conjunta sobre la situación en Venezuela en el marco de la reunión realizada la semana pasada.

La Declaración reiteró: “El carácter irreversible de su compromiso en favor de la transición democrática y la reconstrucción institucional, económica y social en Venezuela, destacando que la permanencia de Nicolás Maduro y su régimen ilegítimo en el poder representa una amenaza sin precedentes a la seguridad, la paz, la libertad y la prosperidad en toda la región”.

Aunado a ello, el Grupo de Lima expresó, de manera muy contundente, su convicción de que la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos en el marco de la Constitución y el derecho internacional. En este sentido, también reconoció la valentía y el coraje del pueblo venezolano en su lucha por recuperar la democracia.

Ante la grave crisis humanitaria por la que atraviesa el país, el Grupo de Lima denunció al régimen ilegítimo de Nicolás Maduro por someter intencionalmente a los venezolanos a una sistemática privación de alimentos y medicinas, y de acceso a servicios básicos, para asegurar su permanencia en el poder.

Destaca, por su trascendencia, la decisión de solicitar a la Corte Penal Internacional que tome en consideración la grave situación humanitaria en Venezuela, la violencia criminal del régimen de Nicolás Maduro en contra de la población civil y la denegación del acceso a la asistencia internacional, que constituyen un crimen de lesa humanidad.

Se ha inaugurado una “nueva diplomacia” que se compromete, en el terreno de los hechos, más allá de la vieja retórica tradicional, con la democracia y los derechos humanos en nuestro continente. Ante la emergencia en Venezuela ya no caben las acciones dilatorias. Se requieren acciones inmediatas para evitar más tragedias humanas.

Venezuela sólo podrá despertar de la pesadilla en la que vive a través de la celebración de elecciones libres y justas, abiertas a la participación de todas las fuerzas políticas, con acompañamiento y observación internacional, organizadas por una autoridad electoral neutral y legítimamente constituida.

BALANCE

Luis Almagro ha respaldado la declaración del Grupo de Lima e instado, una vez más, a la comunidad internacional a mantener e incrementar la presión a la dictadura usurpadora del poder en Venezuela.

Desde 2015 y hasta la fecha, el secretario general ha expresado con claridad su preocupación sobre la grave situación en Venezuela y ha alertado sobre la profundización de la crisis durante toda su gestión.

El colapso de la democracia en Venezuela ha puesto de manifiesto que no se puede ser neutral ante una dictadura. Que la nueva diplomacia implica estar del lado correcto de la historia, condenando, claramente y sin subterfugios, la violación de derechos humanos, la represión sistemática contra los opositores y la institucionalización del fraude electoral como mecanismo para retener el poder. Así de claro.

                *Los puntos de vista son a título personal.

                No representan la posición de la OEA

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