Trump y Putin: veneno vil

Volodímir Zelenski, movió ficha al apuntar que Putin “quiere manipular el deseo del presidente de EU de llegar a la paz. Estoy convencido de que ninguna manipulación rusa puede tener éxito”.

En el centro de prensa de la web de la Organización Mundial de la Salud hay un apartado muy detallado sobre las dioxinas, un grupo de productos químicamente similares entre sí “que contaminan de forma permanente el medio ambiente”. Y no hay escape. Las dioxinas se encuentran en cualquier parte del mundo y se acumulan, principalmente, en el tejido adiposo de los animales, por lo que estamos ante un altísimo porcentaje a su exposición a través de la simple ingesta de carne y productos lácteos, por lo que es necesario que los gobiernos cuenten con programas de control de contaminación alimentaria. Las dioxinas, en fin, son muy tóxicas y pueden afectar a los sistemas inmunitario y hormonal, y causar cáncer (el lector interesado puede consultarlo aquí:https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dioxins-and-their-ef...).

Algo sabe sobre la dioxina el exprimer mandatario ucraniano, Victor Yúschenko, pues un mal día de 2004, durante su campaña por la presidencia de su país, fue envenenado con ella. En su momento, especialistas señalaron que el producto utilizado para atacar al político “presentaba un alto grado de síntesis” que sólo podía ser elaborada con ese detalle en laboratorios con lo último en tecnología. En ese entonces, sólo dos países contaban con ese equipo: Rusia y Estados Unidos.

Los niveles de dioxina en la sangre de Yúschenko son mil veces superiores al considerado “normal”. En realidad, es un milagro que no haya muerto. O que dos décadas después siga vivo. Las secuelas por ese envenenamiento son evidentes en el rostro del ucraniano, que alguna vez confesó: “Mi esposa me dijo que mis labios tenían sabor metálico”.

El Kremlin tiene un largo historial por utilizar veneno contra enemigos políticos, opositores, críticos, periodistas o espías. En realidad, apuntan los expertos, el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, dos naciones que se detestan, ocurriría tarde o temprano.

Vale este leve recuento ahora que el presidente ruso Vladimir Putin afirmó estar listo para discutir con Donald Trump las líneas de negociación respecto a Ucrania.

“No me extenderé al respecto, pero sólo puedo decir que el presidente actual declaró que estaba dispuesto a trabajar juntos”, afirmó Putin. “Siempre lo hemos dicho, y lo quiero subrayar una vez más, que estamos listos para esas negociaciones sobre los asuntos ucranianos”, añadió, de acuerdo con un cable de la AFP.

Enfrente, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, movió ficha al apuntar que Putin “quiere manipular el deseo del presidente de Estados Unidos de llegar a la paz. Estoy convencido de que ninguna manipulación rusa puede tener éxito”.

Es natural que Putin, un exagente de la KGB con complejo de superioridad, celebre el regreso de Trump a la Casa Blanca. El agente naranja se la pasó los últimos dos años afirmando que la guerra en Ucrania no habría ocurrido con él en el Despacho Oval, pero como le “robaron” la elección, azuzó a sus seguidores a atacar el Capitolio y le ordenó a su vicepresidente Mike Pence a “hacer lo correcto”... y después lo acusó de “desleal”. Una mentira tras otra forman una bola de nieve gigante.

“No puedo evitar estar de acuerdo con Trump en que si no le hubieran robado la victoria en 2020, tal vez no se hubiera producido la crisis en Ucrania que surgió en 2022”, dijo Putin. A ello se le agrega la promesa de Trump de poner punto final con la guerra en Ucrania “en cuestión de 24 horas”. Así son los demagogos. La mentira también es un veneno. Si existen informes sobre cómo manipular la ponzoña para fines de eliminación, aquéllos están en algunas oficinas del Kremlin.

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