The Gulf of Mexico affaire
Los límites marítimos entre México y Estados Unidos en el Océano Pacífico y el Golfo de México se establecieron mediante una serie de acuerdos bilaterales alcanzados en 1970, 1976 y 1978.
El affaire del Golfo de México incluso llegó a la Semana de la Moda de Nueva York. ¿Y por qué no, si es algo que apela a las emociones? Tras un desfile, el diseñador mexicano Patricio Campillo lució una playera blanca con la frase: “El Golfo de México”, enmarcada por unos delfines y una pequeña bandera tricolor en la parte baja central de la prenda. Como el presidente Donald Trump cumplió su promesa de campaña de renombrar el Golfo de México como “Golfo de América” a través de una orden ejecutiva, firmada el 9 de febrero, Campillo se adelantó y ya tiene a la venta su oportuna creación. Bien por Patricio Campillo. Las ocurrencias se combaten con ideas.
Ahora, mal. Google Maps bloqueó las reseñas “negativas” del Golfo de México. Alineados con monseñor Musk, los “decision makers” de Google actualizaron el nombre de esa parte del planeta poco después de que Trump anunciara el cambio de nombre. No se trata de un acto de censura, como acusaron usuarios, sino de una operación profiláctica, explicó la empresa de tecnología, pues regularmente aplica “protecciones en los lugares durante los momentos en que anticipamos un aumento de las contribuciones que no están relacionadas con el tema o no están relacionadas con la experiencia directa de alguien con el lugar”. En fin, Google se reserva el derecho de eliminar cualquier contenido (“Google Maps blocks Gulf of America reviews after rename criticism”, en https://www.bbc.com/news/articles/crlky380wd7o).
Ante el infortunio de Google está Sovereign Limits, una base de datos para la investigación, visualización y mapeo de fronteras internacionales que dividen la soberanía en tierra y mar. Sovereign Limits conserva su ficha de la zona: “Los límites marítimos entre México y Estados Unidos en el Océano Pacífico y el Golfo de México se establecieron mediante una serie de acuerdos bilaterales alcanzados en 1970, 1976 y 1978. Además del espacio marítimo dentro de las 200 millas náuticas desde sus respectivas costas, México y Estados Unidos cuentan con plataformas continentales extendidas en el Golfo de México. Los segmentos de la plataforma continental extendida se delimitaron bilateralmente; la ‘Franja Occidental’ en 2000 y la ‘Franja Oriental’ en 2017” (https://sovereignlimits.com/boundaries/mexico-united-states-maritime).
Por su parte, la Enciclopedia Británica, “la más ‘erudita’ de todas las editadas en inglés”, anunció que seguirá usando “Golfo de México”, pues se deben a una audiencia internacional, “la mayoría de la cual está fuera de los Estados Unidos”, además de que “el renombramiento por parte de autoridades de Estados Unidos es ambiguo”.
Si nos ponemos nacionalistas, Santa Anna fue el culpable por la pérdida de una buena parte de nuestro territorio en beneficio del vecino del norte, pero el Golfo de México se ha mantenido en los mapas y en los libros de historia durante siglos. Se puede cambiar de nombre como se cambia de religión o de sexo, pero esta modificación en particular, evidentemente, tuvo un efecto inmediato en el gobierno de Estados Unidos, no así en el resto de la ciudadanía, ajena, distante o indiferente ante la novedad... o la imposición.
El martes, la Casa Blanca prohibió el acceso de un reportero de la Associated Press a un acto del presidente Trump, pues la agencia de noticias sigue utilizando el nombre de “Golfo de México”. La AP refirió que en su libro de estilo el Golfo de México ha llevado ese nombre durante más de 400 años y, como agencia de noticias global, lo citará así al tiempo que reconoce la nueva nomenclatura.
Llámenle como quieran. Golfo de América, Golfo de Estados Unidos de América, Golfo del Bienestar. La semántica no suele ser el fuerte de los gobernantes.
