El Multiforo Alicia, un oasis de resistencia
En la agenda del Gobierno de la CDMX se acumulan mil y un problemáticas por atender. Lo vive Clara Burgada y lo vivió su antecesora.
Lo ocurrido en el Multiforo Alicia, hace una semana, delata la torpeza de los servidores públicos carentes del más elemental sentido común. Cientos de asistentes al concierto del músico vasco Fermín Muguruza fueron testigos, y víctimas, de un episodio a todas luces vergonzoso para la vida cultural de la Ciudad de México. La situación pudo terminar en tragedia.
Un operativo “coordinado” (es un decir) entre la policía capitalina (que habitualmente llega a los espacios nocturnos con el único propósito de extorsionar), la Guardia Nacional (creada para apoyar en tareas de seguridad; en palabras de López Obrador, “para proteger al pueblo”) y elementos del Ejército (como si entre los presentes del Alicia estuviera un capo del crimen organizado, esto es, habrían fallado las labores de inteligencia) irrumpió en el recinto del Multiforo Cultural Alicia, instalado desde poco más de un hace año y medio en la colonia Santa María la Ribera, para suspender el evento musical y desalojar al público.
Hasta el momento, ninguna autoridad ha explicado el motivo de esa acción, pero las imágenes de soldados con armas largas a las puertas del espacio fueron suficientes para encender las alarmas.
La paulatina militarización del país ha levantado ámpula. Primero, Felipe Calderón le declaró la guerra al narco. En su turno, Andrés Manuel López Obrador lo dijo con todas sus letras: cambió su opinión de retirar al Ejército de las calles al analizar la situación de riesgo en todo el territorio nacional, pero, como está ampliamente documentado, lo utilizó para realizar tareas propias del ámbito civil. Sin embargo, recurrir a las Fuerzas Armadas como sacaborrachos (con todo respeto para el Alicia y demás centros que operan de noche) suena un despropósito mayúsculo, sobre todo en la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, que en su mañanera inaugural pronunció ser “hija del 68”.
El asunto no pasó a mayores. Y no ocurrió así por la inteligente y sensible intervención de Nacho Pineda, director del Alicia, y eventualmente del propio Muguruza, quienes convencieron a su público de salir del local de manera ordenada, sobre todo sin caer en provocación alguna. Ya se sabe: una mentada de madre a la autoridad o un empujoncito entre ciudadanos y uniformados, puede encender la mecha.
La lectura de Pineda no suena descabellada: el objetivo era reventar esa noche del viernes para marcar un episodio negro en la víspera de las elecciones judiciales del domingo. Como sea, el deslinde de las autoridades de todos los niveles fue inmediato. Destaca el de la alcaldesa de la Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, que entiende de gestión cultural lo mismo que usted y yo entendemos al leer a Ibsen en su idioma original.
El Alicia, inaugurado hace unas tres décadas (originalmente en la colonia Roma), ha demostrado ser mucho más que un sitio para tocadas. En él se presentan expresiones de todo tipo, con pasión crítica y respeto para sus audiencias. Es, ante todo, un oasis de resistencia, pero hay que subrayarlo: esa resistencia siempre ha sido pacífica. Con su actuar frente a elementos fuertemente armados a pocos metros de distancia, Nacho Pineda se comportó como los buenos. Agigantó la leyenda del Alicia ante un artero ataque a la cultura.
Evidentemente, en la agenda del Gobierno de la CDMX se acumulan mil y una problemáticas por atender. Lo vive Clara Brugada y lo vivió su antecesora. En ese sentido, hay que garantizar la creación artística y la libertad bajo palabra sin manchas provocadas por manos equivocadas, sin importar si se trata de inspecciones de rutina.
