Eisenkot: un nuevo nombre

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

La conversación pública dentro de la sociedad israelí ha estado centrada desde hace casi tres años en la situación de guerra. Se suma a ello en estos momentos la inquietud derivada de las próximas elecciones a celebrarse en octubre, quizá las más trascendentes que haya vivido el país desde su fundación en 1948. En ese contexto, está captando reflectores una figura bien conocida en el país, pero muy poco entre las grandes y pequeñas ligas de la política internacional. Se trata de Gadi Eisenkot, un militar y exjefe del Estado Mayor, quien en estos momentos se perfila como posible próximo primer ministro.  

La búsqueda de liderazgos alternativos aparece ahora como parte de una imperiosa necesidad de asegurar la sobrevivencia nacional y de preservar el funcionamiento democrático del Estado. Hay un agotamiento social y un hartazgo respecto a los gobiernos encabezados por Netanyahu durante tanto tiempo. La gota que derramó el vaso se ubica en especial en la última cadencia del citado premier cuando su coalición pretendió implementar una reforma judicial a todas luces antidemocrática, y poco después ocurrieron los atroces hechos del 7 de octubre de 2023 que desencadenaron una vorágine de conflictos armados con enormes pérdidas de vidas. De ahí que una gran parte de los israelíes aspiran hoy a un gobierno distinto, sin Netanyahu y sin sus socios ultraortodoxos y de derecha extrema. Es así que en las encuestas de estos días empiezan a aparecer datos que apuntan a una buena probabilidad de que el largo imperio del mandatario llegue a su fin. 

Como rivales para encabezar la oposición al actual gobierno destacaron en un primer momento dos políticos ya con experiencia, Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes anunciaron su nuevo partido denominado Yajad (Juntos). Pero poco después apareció como una alternativa más, el general Gadi Eisenkot, quien de manera sorprendente y al mando de su partido Yashar, ha estado subiendo en las encuestas para quedar, por lo pronto, a la cabeza. En un sistema electoral como el israelí no hay posibilidad de integrar un gobierno más que a partir de coaliciones, y en este caso, se considera que Eisenkot, un hombre políticamente de centro, podría acordar alianzas con Bennet y Lapid y con la mayor parte del resto de los actores hoy en la oposición, para así reunir el mínimo de 61 escaños necesarios para poder gobernar. 

El caso de Eisenkot es peculiar en el entorno político israelí. Se le conoce como un hombre sensato, honesto, no dado a reaccionar impulsivamente, sino meticuloso en el desempeño de su trabajo. Su trayectoria como jefe del Estado Mayor ha sido destacada, y es apreciado como un hombre leal al país, que con un espíritu inquebrantable ha sobrellevado la muerte de un hijo y dos sobrinos durante la guerra contra Hamás desatada tras aquel 7 de octubre. 

Otro dato más es que Eisenkot no proviene de las élites sociales, económicas o políticas del país, sino que fue hijo de modestos inmigrantes judíos marroquíes que llegaron a Israel recién establecido el Estado. Ellos arribaron en condiciones precarias y su integración a Israel fue mayormente problemática. En aquel entonces —principios de la década de los cincuenta— 260 mil judíos que habían vivido en Marruecos por siglos, fueron expulsados, estableciéndose de inmediato en Israel. De hecho, en un lapso de menos de una década, la totalidad de los judíos habitantes en naciones árabes, cerca de 800 mil, fueron echados casi de la noche a la mañana. Una de esas familias fue la de Eisenkot, quien nacido ya en Israel, logró superar la inicial condición de marginación de su recién emigrada familia, mediante su esfuerzo personal y talento.

En ese sentido la posibilidad de que Eisenkot, un judío de origen marroquí, pueda ocupar la primera magistratura constituye un punto de inflexión en el historial de los miembros de las comunidades de judíos provenientes de países árabes. En caso de conseguir encabezar el futuro gobierno, estaría rompiendo “un techo de cristal” que había permanecido inquebrantable a lo largo de los 78 años de historia del Estado de Israel. Faltan todavía cuatro meses para las elecciones, pero por lo pronto vale la pena seguirle la pista a Eisenkot, quien está siendo apreciado por muchos como una bocanada de aire fresco dentro de la turbiedad de la vida política de los últimos años.