Populismo en AL: más clavos en el ataúd
Abril fue un mes de pesadilla para el populismo latinoamericano: 1 la derrota del populista pastor evangelista, Fabricio Alvarado, en Costa Rica; 2 el encarcelamiento del expresidente Lula, líder emblemático de la izquierda, y aliado de los populistas; 3 el comunicado, en ...
Abril fue un mes de pesadilla para el populismo latinoamericano: 1) la derrota del populista pastor evangelista, Fabricio Alvarado, en Costa Rica; 2) el encarcelamiento del expresidente Lula, líder emblemático de la izquierda, y aliado de los populistas; 3) el comunicado, en la VIII Cumbre de las Américas, de 15 naciones, entre ellas Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Estados Unidos y México, que advierte al gobierno de Maduro que no se reconocerán las elecciones de mayo, “si no se hacen con las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático”; 4) el anuncio de que Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú suspenden por tiempo indefinido su participación en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); 5) el triunfo del conservador Mario Abdo Benítez en Paraguay; 6) las protestas generales (que ya han causado decenas de muertos y centenares de heridos) contra el gobierno de Daniel Ortega.
El siglo XXI inició en Latinoamérica con un oleaje populista, cual tsunami que intentó arrasar a la democracia, las libertades, la sociedad civil, la economía mixta, los bloques globalizadores, el sistema interamericano, entre otros, de sus rasgos propios (que ha costado mucho construir), aunque ausentes en algunos países e instituciones “bolivarianas”. Empero, el populismo comenzó a declinar a raíz de la muerte de Hugo Chávez (su principal patrocinador) y la crisis del petróleo, entre otros factores, que provocaron no sólo el incumplimiento de su “mesianismo”, sino que sus políticas autoritarias y estatistas condujeron al colapso, de manera dramática en Venezuela, donde Maduro ha impuesto la dictadura, y de ahí las condenas hechas en la OEA y ahora en la Cumbre de las Américas, que lo han aislado regional e internacionalmente. Esta condena a la dictadura chavista ya se había expresado en el Mercosur, y ahora con el boicot a la Unasur disminuye la capacidad de influencia de Maduro, Evo Morales, Lenín Moreno, Daniel Ortega, y la Cuba socialista, y se pone otro clavo al ataúd del chavismo regional. Si se agrega el encarcelamiento de Lula, por corrupción en el caso Odebrecht, entonces los populistas se quedan sin nuevos aliados, y se confirma que la correlación de fuerzas en América Latina es desfavorable al populismo.
Nicaragua estaba olvidada de la escena internacional, pese al carácter dictatorial de Daniel Ortega, quien encabezó la revolución contra la dinastía Somoza (1979) y luego el gobierno sandinista durante los primeros tres lustros. Regresó a la presidencia en el 2007 y se mantiene en el poder hasta ahora e incluso intenta fundar una nueva dinastía, con su esposa, Rosario Murillo, en la vicepresidencia. Las protestas nacionales contra su régimen represivo revelan otro caso de populismo fallido y, en parte por eso, los ticos no se quisieron arriesgar y derrotaron al populista evangélico Fabricio Alvarado, y los paraguayos prefirieron la opción conservadora sobre la izquierdista. En Colombia, el exguerrillero Gustavo Petro representa la amenaza populista, aunque el candidato uribista Iván Duque sigue encabezando las preferencias, y resulta vital que logre conjurar dicho riesgo.
Mientras en América Latina el populismo está moribundo, si gana el tabasqueño, México será un bastión populista, aliado y soporte de Maduro y otros dictadores, lo que alentará a otros falsos profetas para llegar y perpetuarse en el poder, y regresar a sus naciones a la Edad de Piedra, cuando todo dependía de un caudillo.
ENTRETELONES
Si AMLO se erige hoy en censor, ¿qué sucederá con la libertad de expresión si es presidente?
Twitter: @evillarrealr
