Bolsonaro: entre el aislacionismo y el protagonismo internacional
El presidente de Brasil se sumó al repudio internacional contra Nicolás Maduro, promovido por el Grupo de Lima
Montado en la cresta populista que recorre el mundo, y al mejor estilo trumpista, Jair Bolsonaro, en su toma de posesión, declaró que “los intereses brasileños estarán en primer lugar”. Sin embargo, a diferencia de Trump, que heredó a una nación con boyante economía, el excapitán del ejército recibe un país sumido en una profunda crisis, que electoralmente repudió a la izquierda y, por ende, favorable para políticas ultraderechistas, incluyendo un viraje de 180 grados en su política exterior.
Para su investidura presidencial, Bolsonaro desinvitó a los mandatarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela, marcando así su raya con sus gobiernos “izquierdistas”, e ipso facto, se sumó al repudio internacional contra Nicolás Maduro, promovido por el Grupo de Lima, y ahora con el respaldo de la OEA, que declaró ilegítima su reelección. Si bien Mauricio Macri ha encabezado la campaña regional contra Maduro, Bolsonaro es partidario de medidas más duras que las diplomáticas, y coincidió con el secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, sobre cómo colaborar para “restaurar la gobernanza democrática y los derechos humanos”, no sólo en la nación andina, sino también en Cuba y Nicaragua. Al margen de otras consideraciones, en lo inmediato, al presidente brasileño le preocupa la inestabilidad y las tensiones en el subcontinente, consecuencia de la crisis migratoria y de la debacle del régimen bolivariano. Aunque el ministro de relaciones exteriores, Ernesto Araujo, declaró que Brasil seguirá recibiendo migrantes venezolanos, anunció que su país abandona el pacto migratorio de la ONU (que habían ratificado), porque es un “instrumento inapropiado”, y que cada Estado debiera establecer sus propias políticas. Se une a Estados Unidos y a otras naciones que rechazan dicho acuerdo porque “fomenta la migración”.
En congruencia con su nacionalismo pronorteamericano, y del nuevo sistema de alianzas que pretende instaurar, para Bolsonaro el “Mercosur no es prioritario”, “ya que es muy restrictivo”, económica (impide a los socios cerrar acuerdos comerciales bilaterales con terceros) y políticamente, al quedar preso de “alianzas ideológicas”. Un mensaje en ese sentido es que la primera visita del exmilitar no sea a Argentina (principal socio comercial del Mercosur), sino a Chile, dada la admiración que tiene de su modelo económico y porque busca integrar un frente de gobiernos conservadores. Con su hijo Eduardo, Bolsonaro hizo de Foz de Iguazú (Paraná) la sede de la Cumbre Conservadora de las Américas (como antítesis del Foro de Sao Paulo), que reúne funcionarios, dirigentes, políticos, intelectuales de la derecha latinoamericana, a fin de “defender los principios y valores del conservadurismo”, “combatir el comunismo”, “formar un nuevo eje político, económico y cultural en la región”, entre otros objetivos. El alineamiento proestadunidense incluye fortalecer los nexos con Israel (ofreció cambiar la embajada brasileña a Jerusalén y disminuir la influencia china en el subcontinente). Con este tipo de acciones, el exmilitar espera que Brasil sea un aliado estratégico de Estados Unidos en América Latina e importante eslabón de un eje ultraconservador mundial.
Al margen de sus posiciones aislacionistas y contrarias a la gobernanza mundial (ya anunció que Brasil no realizará la Cumbre Medio Ambiental de este año), Bolsonaro planea convertirse en un actor protagónico internacional, y no puede tomarse ligera su declaración de que “no queremos constituir un súper poder, pero sí aspiramos a la supremacía militar en la región”.
ENTRETELONES
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