Avanza el Rusiagate

Desde su inicio, el gobierno de Donald Trump arrastra fuertes problemas, y conforme corre el tiempo, algunos de ellos se agravan, estallan o emergen nuevos, que complican aún más su accidentada gestión. Dentro de los múltiples frentes que Trump tiene abiertos, y que ...

Desde su inicio, el gobierno de Donald Trump arrastra fuertes problemas, y conforme corre el tiempo, algunos de ellos se agravan, estallan o emergen nuevos, que complican aún más su accidentada gestión. Dentro de los múltiples frentes que Trump tiene abiertos, y que mantienen a Estados Unidos en permanente tensión política (como el muro fronterizo), destaca el Rusiagate que puede ser definitivo para promover un impeachment o, al menos, para evitar su reelección.

En relación con la trama rusa, después de 22 meses de investigaciones del fiscal especial Robert Mueller el cerco se estrecha sobre el presidente. Entre los 34 acusados por más de un centenar de delitos, se encuentran: Michael Cohen, exabogado de Trump, condenado a tres años, al declararse culpable de delitos financieros, uno de ellos de financiación ilegal de la campaña (pagar a mujeres para silenciar escándalos sexuales), y otro, de mentir al Congreso sobre los negocios de su cliente en Rusia durante la campaña; George Papadopoulus, asesor de política exterior durante la campaña, acusado de mentir al FBI sobre sus nexos con rusos que le ofrecieron información sobre Clinton, aunque sólo estuvo preso “12 días”; Paul Manafort, jefe de campaña de Trump, condenado a 7 años y medio por fraude fiscal y bancario (ocultó decenas de millones de dólares en paraísos fiscales, y por su cabildeo para el político ucraniano Víktor Yanukóvich), se investigan sus nexos con su socio ruso Kilimnik (acusado de obstruir la justicia), y espera sentencia por declararse culpable de conspiración para defraudar al país y obstrucción de la justicia; Rick Gates, socio y brazo de derecho de Manafort en la campaña, también se declaró culpable de conspiración y de haber mentido al FBI.

 Michael Flynn, consultor en campaña y efímero asesor de seguridad nacional, aceptó culpabilidad por mentirle al FBI, y admitió que en campaña tuvo contacto con el embajador ruso Sergey Kislyak;

Roger Stone, asesor de Trump, fue acusado de falso testimonio y obstrucción de la justicia.

Hasta aquí, la trama rusa parece entrar a una etapa similar al caso Watergate, cuando un gran jurado acusó a “los hombres del presidente” (Dean, Ehrlichman, Haldeman, Mitchell, entre otros) de conspirar y de perjurio para obstaculizar las investigaciones. Sin embargo, hasta este momento existe una diferencia sustancial: a los inculpados citados en el Rusiagate todavía no se les puede probar que conspiraran con los rusos (empresas, agentes de gobierno, etc.) para favorecer al candidato republicano en la elección del 2016. Más bien, su “sacrificio” revela que son chivos expiatorios para salvar a Trump.

Pero Mueller sigue indagando, y no está descartado que encuentre evidencias contundentes contra el magnate, por ejemplo, información comprometedora en un registro de sus conversaciones con Putin, lo que hace recordar las grabaciones secretas que hundieron a Nixon, o demostrar que Trump ha mentido.

El Rusiagate se verá potenciado, ahora que el Comité de Asuntos Jurídicos de la Cámara de Representantes está presidido por el demócrata Jerry Nadler, quien ya ordenó abrir una indagatoria en contra del presidente por posibles delitos durante administración, tales como obstrucción de la justicia, lavado de dinero (que involucra a sus hijos, Ivanka, Donald y Eric) y abuso de poder.

Los demócratas esperan el informe final de Robert Mueller para determinar si impulsan el impeachment o intenten enjuiciar a Trump por otros delitos o, al menos, generarle un mayor desgaste que impida su reelección.

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           Twitter: @evillarrealr

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