Anclados en la segunda revolución industrial

• El TLCAN implantó un modelo privatizador y abierto.• La inteligencia artificial será el futuro.

Mientras que en México todavía se discute sobre los proyectos de Pemex, su papel en el desarrollo nacional y su viabilidad financiera, entre otros aspectos que son prioritarios de la agenda pública, el mundo se transforma bajo los dictados de la cuarta revolución científica-tecnológica. En la periodización de las revoluciones científica-técnicas existen distintas seriaciones.

Si el criterio se refiere a las grandes innovaciones técnicas, económicas y sociales de la historia, entonces solamente se consideran tres, agraria, industrial e informática, y actualmente se estaría en el umbral de una cuarta, según Klaus Schwab, caracterizada por el primado de la inteligencia artificial.

En México, después de siglos de prevalecer el modelo primario-exportador, en el marco de la Segunda Guerra Mundial se tomó una decisión trascendental para transitar de la revolución agraria a la industrial, con la adopción del modelo de sustitución de importaciones, estatista y cerrado. Con ello, nuestro país ingresó a la segunda revolución científico-tecnológica e inició lo que el mundo conoció como el “milagro mexicano” (crecimiento económico sostenido, urbanización, etc.).

En el patrón industrial adoptado convergieron distintos rasgos correspondientes a diversas etapas de la segunda revolución, ya que florecieron industrias de bienes de consumo, intermedios, petróleo, de comunicaciones, entre otras. Sin embargo, cuando este modelo alcanzó su límite en los setenta, el auge petrolero lo oxigenó, sin reparar que los países desarrollados se preparaban para la tercera revolución tecnológica, la informática.

Así, mientras que en las siguientes dos décadas, en Estados Unidos, y en diversas naciones de Europa y Asia, la revolución informática creó la microelectrónica, las tecnologías de la información y la comunicación, se desarrollaban fuentes de energía alternativas (al petróleo y al carbón) y se expandió la globalización con mayor fuerza, en México se produjo otro viraje: con el TLCAN, se implantó un modelo exportador, privatizador y abierto.

Empero, con todo lo trascendente que resultó este cambio, y al margen de sus éxitos industriales, comerciales y financieros, a la fecha no se consiguieron las metas fundamentales del crecimiento económico sostenido y el desarrollo social, ni se rompió la dependencia energética basada en el petróleo. Además, México siguió anclado en la segunda revolución técnica, lo que significa que somos consumidores de productos y servicios generados por la sociedad de la información (microelectrónica, computación, internet, celulares, etc.), prevaleciente en las naciones desarrolladas.

La brecha digital y técnica que México tiene se ha ampliado e incluso, países como China, que hace 40 años era del Tercer Mundo, hoy es una superpotencia económica y tecnológica, y se prepara para el siguiente salto, la cuarta revolución científica-técnica basada en: las vertiginosas innovaciones disruptivas; la inteligencia artificial, la automatización total, la robótica, el aprendizaje automático, y la impresión 3D; la biotecnología y la nanotecnología; las fuentes de energías renovables y limpias; las comunicaciones móviles, la tecnología 5G y las redes sociales; el auto híbrido y eléctrico, las computadoras cuánticas… todo lo cual, configurará un nuevo modelo económico-energético en la era de la globalización 4.0

El desarrollo científico-tecnológico mueve al mundo, México se rezaga, y se eterniza como “nación emergente”. ¿Llegará el día en que se dé un viraje que actualice nuestro desarrollo?

Entretelones

Felicitaciones a Excélsior por sus 102 años de vida.

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