60 años de la sublevación tibetana

Este año se cumplen 70 años del triunfo de la Revolución Comunista en China, 69 de su ocupación del Tíbet y el próximo domingo, 60 de la sublevación tibetana contra la invasión china, así como el inicio de la diáspora del Dalai Lama. La revolución liderada por ...

Este año se cumplen 70 años del triunfo de la Revolución Comunista en China, 69 de su ocupación del Tíbet y el próximo domingo, 60 de la sublevación tibetana contra la invasión china, así como el inicio de la diáspora del Dalai Lama. La revolución liderada por Mao significó el final de siglos de feudalismo, el comienzo de la era comunista (lo que cimbró la geopolítica de Asia y del planeta), y un año después, para el Tíbet implicó el inicio del yugo comunista chino. Pese a que en el gigante asiático han cambiado mucho las cosas desde la muerte de Mao, permanece su legado totalitario e imperialista, que en el caso del Tíbet significó un genocidio que ha sido olvidado por el mundo, y que por lo mismo debe recordarse.

Con todo y su complicada orografía, que lo hace proclive a un perpetuo aislamiento, el Tíbet, a lo largo de la historia, ha sido botín de las potencias (que le han impedido a los tibetanos ejercer su autodeterminación), concretamente del Reino Unido, India, Rusia, pero, principalmente, resulta clave para China, dado su carácter fronterizo, como por la población tibetana que vive en su territorio. El siglo XX empezó con la invasión y el protectorado británico, y el control de zonas fronterizas por parte del Kuomintang. Durante esta etapa, el Tíbet gozó de una autonomía relativa, aunque el décimo tercer Dalai Lama no pudo modernizar el país ni romper el aislamiento diplomático. Ante la inminente victoria comunista, el gobierno tibetano intentó fortalecerse militarmente y deslindarse de los chinos nacionalistas para no dar excusas de intervención a Mao. Pero éste aprovechó el vacío de poder que implicaba la minoría de edad del decimocuarto Dalai Lama y, sobre todo, la fuerza político-militar de los revolucionarios para reclamar un territorio que siempre había considerado de China, “y que sufría el yugo teocrático-feudal”.

En 1950, tras fracasar negociaciones entre las autoridades tibetanas y chinas, se produjo la invasión del Tíbet. Los primeros enfrentamientos y el avance chino obligaron al gobierno tibetano a retornar a las pláticas, pero su equipo negociador en Pekín fue forzado a aceptar (pese a que no tenía facultades para ello) y fue coaccionado a firmar un acuerdo (1951) que conllevaba la incorporación de su nación a China y la ocupación militar, a cambio de que los tibetanos conservaran autogobierno y libertad religiosa. El Dalai Lama, ya en el poder, nunca dio el reconocimiento formal del acuerdo, e incluso su protesta llegó a la ONU, lo que no evitó la ocupación militar de Lhasa y de otras poblaciones, que fueron colonizadas por chinos, y se integrarían a la Región Autónoma del Tíbet. Empezó el genocidio: destrucción y saqueo de templos o su empleo para otros fines, persecución religiosa y asesinato de miles de monjes, dislocamiento de la sociedad tradicional que se aglutinaba en torno a los monasterios, desplazamiento y muerte de miles de trabajadores… En 1956 estalló la resistencia guerrillera, y en 1959, ante el temor del secuestro del Dalai Lama por los chinos, se produjo la sublevación popular en Lhasa, y otras regiones, y el exilio forzado del Dalai Lama en ese año.

Se estima que murieron 86 mil tibetanos en el levantamiento de 1959, y pese a ello, la rebelión armada se prolongó varios años más (gozó del apoyo encubierto de Estados Unidos, y abierto de Taiwán), pero el anhelo libertario sigue, convertido en planetario gracias al liderazgo político y moral del Dalai Lama, cuyo Nobel de la Paz en 1989 fue un reconocimiento a su diáspora y a la justa causa tibetana.

ENTRETELONES

Felicitación a Canal 11 por sus exitosos 60 años.

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