El Frente rompe la polarización obradorista

El fin de semana pasado se concretó una inédita alianza para las elecciones del 2018. Contra viento y marea, los dirigentes nacionales del PAN, PRD y MC, registraron ante el INE el convenio de coalición Por México al Frente, y aun cuando sólo es parcial, será ...

El fin de semana pasado se concretó una inédita alianza para las elecciones del 2018. Contra viento y marea, los dirigentes nacionales del PAN, PRD y MC, registraron ante el INE el convenio de coalición Por México al Frente, y aun cuando sólo es parcial, será histórica, ya que era impensable una alianza de ese carácter, azul y amarilla, para unos comicios presidenciales. En el convenio se estipula que al blanquiazul le corresponde llevar la candidatura a la primera magistratura, y al sol azteca, la de Jefatura de Gobierno de la CDMX. Según se esperaba por la realidad política de cada partido, Ricardo Anaya es el virtual abanderado presidencial del Frente, pero en el caso de Alejandra Barrales, todavía no está segura para la jefatura de gobierno de la CDMX, ya que deberá competir contra  Salomón Chertorivski y Armando Ahued, armas de negociación del “damnificado” Mancera.

La construcción del Frente fue un proceso difícil que tuvo en la cuerda floja a los partidos que lo integran (la comentocracia y sus enemigos lo daban por muerto), ya que el fracaso resultaba demoledor para sus expectativas de triunfo en beneficio de sus rivales, especialmente AMLO, quien le apostaba a acaudillar el encono opositor (incluido el voto útil antisistémico e indecisos) al gobierno, basado, tanto en que sigue arriba en las preferencias, como en su estrategia de polarización política, que le funcionó para cerrar la contienda con Felipe Calderón (2006), pero mucho menos en el 2012, cuando Enrique Peña

Nieto le ganó con más de seis puntos.

Aunque en ambos casos esta estrategia no lo llevó a la victoria, para el 2018 el tabasqueño tenía la esperanza de que, si se aplicaba con mayor anticipación, podría ser exitosa. Así, intentó liquidar al PRD (fracturarlo, arrebatarle legisladores, cuadros y clientela política), y sabotear sus alianzas con el PAN (que tanto éxito les dieron a ambos), a fin de quedar él y Morena como “el polo indiscutible de la izquierda” para ganar comicios y preparar su arribo al poder. Sin embargo, falló en ello, y su último fracaso fue evitar que se consolidara el Frente, una novedosa (y que parecía imposible) alternativa opositora, que para el de Macuspana y Morena significarán: 1) perder poder de convocatoria, expectativas y protagonismo, ante un candidato más joven e ideas frescas, Ricardo Anaya, quien no sufre el desgaste y descrédito de aquel, y sobre todo, que no se sabotea a sí mismo; 2) competir en propuestas con los frentistas, que lo rebasarán por la izquierda y/o por la derecha; 3)

enfrentar la competencia de candidatos frentistas, con amplio respaldo partidario (y de gobernadores) por todo el país, incluida la CDMX.

Todo ello impedirá que desde las precampañas se polarice la elección entre Meade y AMLO, conforme lo planeó, por lo que su primera reacción es descalificar a sus principales rivales al meterlos en el mismo saco (como “pirrurris blancos”, “candidatos de la mafia del poder”, etc.), ya que la irrupción del Frente le rompió su script original, al igual que los independientes que logren registrarse, El Bronco y probablemente Margarita Zavala, quienes no declinarían por aquel, y el porcentaje de votos que ambos alcancen puede inclinar la balanza hacia Meade o Anaya.

Si bien los ataques del PRI al Frente revelaron que tampoco le convenía que cuajara, de acuerdo a la estrategia de fragmentar el voto opositor, este saboteo resultaba muy peligroso para el mismo tricolor y el país, porque le hacía el juego a la polarización de Andrés Manuel López Obrador e incrementaba sus posibilidades de ganar.

ENTRETELONES

Hugo Chávez también promovió la polarización racial.

                Twitter: @evillarrealr

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