Sustentabilidad...sobre rieles

En días recientes se discutieron en la cumbre de la ONU en la ciudad de Nueva York las estrategias para mitigar los efectos del Cambio Climático en todo el orbe teniendo como pauta que las medidas sean de carácter sustentable, y esto en el marco de dos acuerdos importantes de gran trascendencia: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Nuevamente se asentó que las evidencias de la modificación al clima son muchas aunque haya países y sectores que todavía hacen caso omiso de las advertencias dejando a otros la res­ponsabilidad de atender la situación pues el problema es global.

Sin embargo, la gran mayoría de los estados miembros de la ONU han manifestado su preocupación al más alto nivel para adoptar y aplicar medidas en beneficio de la población a quie­nes representan, de manera que éstas cumplan su objetivo de reducir emisiones contaminantes sin afectar su desarrollo eco­nómico y social. En nuestro país todas las acciones están con­templadas en la Ley General de Cambio Climático que en uno de sus apartados se refiere al transporte de pasajeros y de carga y señala “… promover de manera gradual la sustitución del uso y consumo de los combustibles fósiles por fuentes renovables de energía…”.

Un análisis formal de la situación del manejo de carga en México, hecho en el Instituto Mexicano del Transporte, revela que 20% de los gases de efecto invernadero son producidos por el sector transporte y 90% de ese porcentaje le corresponde a la modalidad carretera, mientras que al ferroviario 1.8%. Contraste significativo y no nada más por las bajas emisiones de los trenes sino por su utilización tan reducida.

Los compromisos adquiridos por nuestro país se ven refle­jados en diversas acciones de mitigación de emisiones, algunas reales y medibles como es el caso del municipio de León, Guana­juato, y otras en diversos ordenamientos secundarios. Asumien­do que se cumplan los objetivos planteados, las emisiones de efecto invernadero del sector transporte tendrán un incremento de casi el doble para el año 2030, por lo que habrá un claro in­cumplimiento del compromiso, en virtud de que la implantación de medidas reducirá las emisiones sólo 10% y por otro lado al transporte ferroviario no se le considera como alternativa de im­pacto y su crecimiento será el de las empresas concesionarias y con base en los mismos kilómetros de vía viva actuales.

 La situación ferrocarrilera en Mé­xico es lamentable y con muchas aristas, políticas y económicas que no pretendo tratar y los remito a dos títulos recientemente publicados donde encontrarán múltiples refe­rencias: Tras las huellas del ferro­carril y Trabajo y Tecnología en los ferrocarriles de México. El hecho es que en la actualidad la red ferroviaria de aproximadamente 27 mil kilóme­tros es utilizada por siete compañías concesionarias para el transporte de carga, pues el de pasajeros es prác­ticamente inexistente y se reduce a un par de líneas turísticas operadas por una de las empresas que incluso cuestiona su permanencia por la baja rentabilidad del servicio.

De acuerdo con las perspectivas de crecimiento del movi­miento de carga del país, al año 2030 la red de vías actual se irá saturando paulatinamente debido a que no ha habido un crecimiento de su infraestructura; en el año 1910 la extensión de la red era de 19 mil kilómetros y después de 106 años sólo ha crecido 42%.

Con relación al transporte de pasajeros la situación es fu­nesta pues es 100% por carretera y ha dejado enormes secuelas sociales y económicas en las poblaciones en las que se detenía el ferrocarril; sus estaciones casi han desaparecido y sólo se conservan algunas que se han transformado en museos que muestran lo que fue el esplendor del ferrocarril, como se ha comentado en otras Glosas y en Excélsior. Sin embargo, es importante que dichos museos se conviertan en impulsores del transporte ferroviario a través de las nuevas generaciones que encontrarán allí estímulos e información sobre trenes en aspectos ambientales, económicos y energéticos. A trabajar sobre eso.

La construcción de nuevas líneas de ferrocarril implica reali­zar trabajos de “subestructura”, que comprenden actividades de trazo, adquisición de derechos de vía, correcciones de desnive­les de terreno, etcétera, que son costosos y tardados. Sin embar­go, habría que estudiar si en la red actual caben otras vías y así aprovechar lo ya trabajado y adquirido. Por otra parte la doble vía es necesaria pues hay diferencias de velocidad muy impor­tantes entre los trenes de carga y de pasajeros. Tarde o tempra­no se tendrá que revivir esta noble y eficiente modalidad.

Es imperioso hacer inversiones ferroviarias para carga y pasajeros que respondan a las estrategias para un desarrollo sustentable y mitigante del cambio climático. A empezar en los trazos actuales que llevan más de cien años operando sin afectar el medio ambiente. Sustentabilidad sobre rieles, sí se puede.

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