¿Sólo con tu pareja?
No existe sustento científico para asegurar que somos monógamos sexuales. Sin embargo, eso esperamos de nuestras parejas. En México se enseña que la fidelidad es una virtud y la mayor prueba de amor. En contraste, la experiencia nos indica que las cosas son diferentes. ...
No existe sustento científico para asegurar que somos monógamos sexuales. Sin embargo, eso esperamos de nuestras parejas. En México se enseña que la fidelidad es una virtud y la mayor prueba de amor.
En contraste, la experiencia nos indica que las cosas son diferentes. Para empezar, hemos aprendido que la fidelidad se conjuga en contextos muy delimitados. Definitivamente existe, pero no está generalizada; la monogamia sexual con frecuencia está desprovista de amor. Que las fantasías eróticas sean escasas con la pareja formal tiene que ver con esa situación. Tanto hombres como mujeres subrepticiamente pueden encontrar o enfrentar motivos para abrir relaciones extra pareja.
Hablar de fidelidad como modelo de comportamiento, consecuentemente, termina en posicionamientos moralizantes, sobre todo si se emplea como mensaje para prevenir infecciones de transmisión sexual. Como ya se dijo, la fidelidad existe, pero no funciona para todos porque estamos inmersos en una sociedad hipócrita con respecto de su sexualidad.
De esta manera, si el difuso concepto de fidelidad se emplea para el entretenimiento es necesario ponderar su impacto, de lo contrario puede contribuir a sembrar estigmas y temores ahí donde no los había. Un bueno ejemplo lo constituye la primera película del cineasta Alfonso Cuarón.
En “Solo con tu pareja” (México, 1991), Cuarón presenta una comedia donde el protagonista (Daniel Giménez Cacho) da vida a un publicista soltero, que seduce mujeres para llevarlas a la cama sin el menor interés afectivo, mucha verborrea y falsas promesas de amor. Entre sus conquistas, este personaje seduce a una enfermera que se descubre engañada y decide castigarlo alterando el resultado de un estudio de detección de VIH para hacerle creer que tiene sida.
¿Por qué Cuarón decidió meter el tema del sida a una comedia de enredos e infidelidad? Sin dudad porque estaba de moda. No encuentro otra razón. Lo singular es que lo hizo en un momento de creciente estigmatización e incluso criminalización del diagnóstico. Unos años antes de que Cuarón redactara el guion de esta película, la opinión pública había moralizado la enfermedad. A las personas con VIH se les culpaba y acusaba y se esperaba que murieran. En 1985 el nuncio apostólico y representante de Juan Pablo II en México, Girolamo Prigione, declaró que la epidemia era un castigo divino. En 1986 se popularizó la cumbia del sida a cargo de la Sonora Dinamita; uno de sus estribillos decía: “es la nueva enfermedad que está matando a la gente”. En los años siguientes el conservadurismo desplegó una campaña en contra del condón y llamó a la abstinencia sexual o a la fidelidad, subrayando que el sexo solo cabía dentro del matrimonio. A fines de 1990, la Cámara de Diputados aprobó penalizar la transmisión del VIH incorporando esa infección al Delito de Peligro de Contagio en el artículo 119 bis del Código Penal Federal.
En ese contexto, al hoy laureado cineasta Cuarón le pareció adecuado escribir un libreto con un mensaje de fuerte connotación moralizante, asociando la promiscuidad con el sida, pero también con la muerte. El protagonista no lucha por comprender la epidemia ni informarse, solo quiere morir. El impacto mediático de la cinta fue grande y hasta ganó el Ariel como mejor argumento original. Con esa historia el joven Cuarón despegó su carrera cinematográfica, pero la lucha contra la epidemia siguió en los hospitales, en las organizaciones de base comunitaria y en el pequeño equipo que, desde el sector salud, buscaba con magros recursos prevenir la silenciosa transmisión del VIH. La mortalidad seguía siendo el destino de las personas infectadas.
A más de cuarenta años de que inició esta epidemia, los mensajes y discursos a favor de la fidelidad conyugal o de pareja formal han demostrado su inoperancia, sobre todo para las mujeres con VIH que adquirieron esa infección a través de su única pareja sexual. Para ellas la fidelidad no funcionó.
Empero, tampoco hay que demonizar a la infidelidad, que está asociada con el engaño, la promiscuidad, el adulterio y la mentira, porque como bien apunta Alberto Orlandini, “la monogamia sexual exclusiva no parece ser un estado natural ni una condición fácil de mantener”. La vida en pareja es compleja y la sexualidad también se agota. Este psiquiatra y divulgador argentino identifica como válvulas de desahogo del matrimonio, al sexo extramarital consentido o secreto, a la prostitución y también a la anulación del matrimonio y el divorcio.
Para el comunicador científico e investigador Pepe Estupinyá, “la fidelidad sexual es una construcción social sin sentido evolutivo alguno”. Instintivamente -añade- tanto hombres como mujeres sentimos deseo por muchas personas a la vez porque “nuestro cerebro no está programado para actuar como monógamos sexuales”.
Por ello, cuando desde una pareja formal se habla de infidelidad es necesario preguntarse en qué contexto se presenta. No todo se debe al machismo. En palabras de Orlandini, son motivos para caer en el llamado adulterio o infidelidad, la seducción, las relaciones sexuales insatisfactorias, el aburrimiento de una pareja monótona, la búsqueda de la novedad, la necesidad de aumentar la autoestima y el narcisismo con nuevas conquistas, la venganza de una pareja odiosa, el desenamoramiento y la necesidad de un amor romántico.
Fidelidad, infidelidad, monotonía, seducción, falta de comunicación, moralidad, educación, de todo esto también hay que hablar.
- Cuarón, Alfonso (director). “Sólo con tu pareja”, 1991, México.
- Orlandini, Alberto. El enamoramiento y el mal de amores. Fondo de Cultura Económica, 1998, cuarta reimpresión 2009. México.
- Estupinyá, Pere. “La ciencia del sexo”. Penguin/Random House, Debolsillo, 2022, México.
