Presencialidad escolar

La educación debiese ser el epicentro, con gratuidad y accesibilidad a todos los menores y adolescentes.

Los expertos en calidad saben que lo que no se puede medir no existe y, como tal, en el ámbito educativo se han realizado diversas mediciones sobre el impacto de covid-19 en la educación, a nivel nacional y regional, fundamentalmente en América Latina y el Caribe, en donde, a través de información, experiencias, iniciativas y encuestas, se diseñaron esquemas de medición que han cuantificado el impacto del cierre temporal de escuelas y las modalidades de enseñanza a distancia que se fueron desagregando, por lo que, a través de una plataforma del grupo regional de educación para América Latina y el Caribe, con la participación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), se reunió información relevante para visibilizar el efecto de 32 semanas sin la presencialidad de niñas, niños y jóvenes en las escuelas. Los cierres afectaron profunda y ampliamente la igualdad de oportunidades entre diversos grupos sociales, ya que para millones de estudiantes no sólo ha sido un paréntesis en su educación, sino el final de un trayecto educativo en donde muchos han sido arrojados, por las circunstancias económicas, sociales y familiares, en el mejor de los casos, a la informalidad, al crimen, a la delincuencia común y a las adicciones, entre otras.

Por lo mismo, una reflexión central es que en el centro de los planes y programas de los gobiernos, la educación debiese ser el epicentro, con gratuidad y accesibilidad a todos los menores y adolescentes. Gobiernos y sociedad, de forma conjunta, deberíamos tomar urgentemente estrategias para reponer el tiempo perdido y los daños causados en la educación de niñas, niños y adolescentes, fundamentalmente. Hablamos de un derecho humano, vulnerado por circunstancias ajenas a la voluntad de los educandos; está claro que una menor proporción de alumnos tuvieron acceso a una educación de calidad, por lo que toda una generación tendrá desventajas en su formación cognitiva social, laboral y económica.

La impreparación para impartir educación a distancia de manera igualitaria y la realidad económica de la mayor parte de las familias sigue siendo una constante, por lo que las escuelas y los gobiernos a nivel municipal, estatal y federal debiesen salir a la búsqueda de quienes han desertado escolarmente, muchos de ellos siguen inscritos por mantener la beca económica existente, pero su desinterés académico es una realidad, en este sentido, habrá que generar incentivos sociales y económicos para que la presencialidad escolar sea una realidad.

No podemos evadir los problemas socioeconómicos de la sociedad, no obstante, tenemos que hacer una inversión en capital humano para que, de acuerdo con diversos expertos, el rezago educativo de más de tres años que se presentará sea un área de oportunidad para revertir estas tendencias que dejan lecciones importantes, por ejemplo, el que para conservar la salud de las enfermedades no transmisibles habrá que incrementar los hábitos positivos de alimentación y activación física, nuevas y mejores estrategias de enseñanza, disponibilidad de medios para acceder a la educación con el objetivo de disminuir la deserción escolar y, en este caso, también el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) plantea, a través de la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación (Ecovid-Ed) 2020, que instituciones públicas y privadas deberán generar protocolos y adecuaciones necesarias para el seguro regreso a clases, teniendo el compromiso entre el personal educativo, padres de familia y sociedad civil.

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