Cuando hablo con empresas mexicanas sobre Australia, una pregunta aparece con frecuencia: ¿por qué Australia? Mi respuesta es sencilla: porque Australia es mucho más que un mercado, es una plataforma para crecer.
Las economías de México y Australia comparten algo importante: empresas que han aprendido a competir en mercados cada vez más globales y que buscan oportunidades de crecimiento. A 60 años de relaciones diplomáticas, tenemos una buena oportunidad para pensar qué sigue para los próximos 60, y eso incluye mirar con mayor atención hacia la inversión en ambos sentidos y diversificar nuestros vínculos económicos.
Durante la primera mitad de 2026, Australia fue el cuarto mayor inversionista extranjero en México. Australia ofrece, a su vez, acceso a una economía abierta, estable e innovadora. Con una población de apenas 27 millones de habitantes, tiene uno de los ingresos per cápita más altos del mundo y un mercado de alto poder adquisitivo estrechamente vinculado con el Asia-Pacífico.
Australia cuenta con 19 acuerdos de libre comercio vigentes, que abarcan 31 economías, incluidas China, Japón, Corea del Sur y el sudeste asiático. México y Australia son, además, socios en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT), que facilita el comercio y la inversión entre ambos países y con otros mercados de la región. Para una empresa mexicana que busca diversificarse internacionalmente, esto representa una ventaja estratégica.
Las oportunidades van más allá del acceso a mercados. Australia tiene fortalezas en sectores como energía, minerales críticos, alimentos y agronegocios, infraestructura, tecnología, innovación y educación. Son áreas en las que México también cuenta con empresas competitivas a nivel global.
Un ejemplo es el de los minerales críticos. Australia es el principal productor mundial de litio y aporta cerca de una tercera parte de la producción global. Iniciativas como Future Made in Australia están impulsando nuevas inversiones en industrias vinculadas con la transición energética y las tecnologías del futuro.
En alimentos, empresas mexicanas como GRUMA ya han demostrado que es posible establecer operaciones exitosas en Australia y utilizar el país como base para atender no sólo al mercado australiano, sino también a consumidores de la región. En manufactura avanzada, infraestructura, energía y tecnología también existen oportunidades para desarrollar alianzas.
Pero Australia puede ofrecer algo más: conexiones. Nuestras universidades, centros de investigación, empresas e instituciones llevan décadas construyendo relaciones en la región. Para una empresa mexicana que quiera establecer alianzas o desarrollar nuevos mercados en el Indo-Pacífico, esas conexiones pueden ser tan importantes como el capital.
Aquí es donde nuestra relación bilateral tiene un potencial todavía mayor. Durante mucho tiempo hemos pensado en México y Australia principalmente como dos países que comercian a distancia. Podemos también pensar en ellos como dos socios que se ayudan mutuamente a llegar más lejos.
México es una plataforma extraordinaria para que empresas australianas crezcan en América del Norte y América Latina. Australia puede cumplir un papel similar para empresas mexicanas que buscan ampliar su presencia en Asia y el Indo-Pacífico.
Eso es lo interesante de la inversión: no se trata solamente de dónde se coloca el capital. Se trata de qué nuevas capacidades, conexiones, empleos, conocimientos y oportunidades se crean a partir de él.
Me gustaría ver más empresas mexicanas en Australia. La Embajada de Australia en México está lista para dialogar con aquellas que quieran explorar las oportunidades que ofrece nuestro mercado. A 60 años del establecimiento de nuestras relaciones diplomáticas, quizá sea momento de pensar no sólo en cuánto más podemos comerciar, sino en cuánto más podemos crecer juntos.
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*Embajador de Australia en México
