¿El arte del doblaje puede desaparecer?

Por Rubén D. Arvizu*

La actriz Evangeline Lilly, conocida por su papel como la Avispa en las películas de Ant-Man y Avengers, calificó de “asquerosa y horrible” la reciente ola de despidos en Disney Marvel Studios.

Lilly se solidarizó con los dedicados artistas del equipo de desarrollo visual que perdieron su empleo, desplazados por herramientas de inteligencia artificial. Este caso refleja una tendencia cada vez mayor en las grandes corporaciones del entretenimiento: reemplazar talento humano por IA con el fin de reducir costos y aumentar sus ganancias. Una decisión que, como ya se ha comprobado, ha demostrado sus límites.

Un ejemplo reciente fue el fallido doblaje al inglés de la serie anime Banana Fish por parte de Amazon. El doblaje generado por inteligencia artificial fue tan deficiente que provocó una fuerte protesta de los fieles seguidores del programa, quienes devolvieron los productos y exigieron reembolsos. Ante la amenaza de una demanda del estudio MAPPA, productores de la serie, Amazon se disculpó públicamente, retiró el doblaje con IA y rehízo el trabajo con actores humanos.

Y como señal de que la industria reconoce el peligro, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood anunció este 1 de mayo que únicamente actores humanos y guiones de autoría humana podrán competir por el Oscar. La presidenta de la Academia, Lynette Howell Taylor, fue muy clara: “Los humanos deben estar en el centro del proceso creativo”. Es un reconocimiento histórico de que la creatividad humana no es reemplazable, pero corre peligro.

En América Latina, y particularmente en México, la amenaza es aún más grave. Durante décadas, el doblaje mexicano fue considerado uno de los mejores del mundo. No sólo traducía, sino que adaptaba con maestría la idiosincrasia, el humor y la emoción del idioma original, gracias al trabajo conjunto de traductores, directores, ingenieros de sonido y grandes artistas del cine, el teatro y la televisión.

En mi libro ¿De quién es la voz que escuchas? La historia del doblaje en México y el mundo, publicado en 2009, ya advertía sobre los riesgos que se avecinaban. Muchos de los actores entrevistados declararon que se estaba sacrificando la calidad para reducir costos, utilizando “lectores” de diálogos y no actores, prescindiendo del director y entregando las traducciones a personas que las hacían literalmente, sin adaptación ni localización —el arte de trasladar a otro idioma un concepto o idea de manera que sea comprendido con naturalidad—.

He tenido conversaciones recientes con actores, directores y traductores de Colombia, Chile, Venezuela y Argentina quienes me confirman que el panorama es igualmente preocupante en toda la región. En algunos países ya se están produciendo doblajes con IA, una sola persona graba todos los personajes y el software intenta asignar las voces necesarias —hombres, mujeres, niños, jóvenes— ajustando tono y registro. El proceso es lento y los resultados, cuando no existe una actuación humana de base, son exactamente el tipo de producto que ya fracasó con Amazon.

En Estados Unidos, programas más avanzados ya identifican y asignan voces instantáneamente. Pero la velocidad tecnológica no resuelve el problema de fondo: sin una actuación genuina detrás de las palabras, diálogos transformados y entendibles para el público, el resultado es mecánico y vacío.

Si se generaliza la aceptación de doblajes mecánicos y sin sentimiento, estaremos perdiendo para siempre esa maravilla de transmitir emociones profundas y hacer que los personajes originales cobren vida en otros idiomas. La Torre de Babel fue superada gracias al doblaje, gracias a las grandes aptitudes de actores interpretando a sus personajes y artistas favoritos.

La IA deshumanizada nunca nos dará eso.

*Escritor , actor, director y traductor de doblaje