Febrero, ¿mes del amor?

Sin que podamos darnos cuenta cabal del ilusionismo, se encienden las luces de la pista izquierda. El trompetista tira de una cuerda, sostenida por el otro extremo por el clarinetista. La bailarina, de un ágil brinco, está caminando en la cuerda floja, con sonrisa primavera. El trompetista le grita que por qué las zapatillas y hasta el corpiño tienen manchas horribles. Ella, con un releve voltea al público y le enseña el corpiño color constitución, que brilla cual sol mañanero

Ya instalado el gran circo mundial, entró en la pista lateral izquierda, un trompetista, un clarinetista y una bailarina. Ella trae la soberanía por corpiño y la alegría del pueblo por zapatillas. Sin más, el trompetista tomó un micrófono y anunció: ¡Aranceles! La bailarina, en puntas, dio una vuelta de carro y la frontera amaneció con diez mil guardias. El clarinetista, dicen, corrió a esconderse, sólo encontró un islote caribeño y ahí se instaló.

Las luces iluminan la pista central. El trompetista se mueve con parsimonia y grita: Aquí se rompió una taza, y mi amigo Vlady será el ganador de todas las ganancias. El público se desconcierta. ¿Sus amigos no eran los de aquella vieja Europa? Eran, pero los tiempos cambian y él lo hará rapidito. Sin más, brinca a la pista derecha lateral.

Con su imperdible micrófono, relató: Yo y mi compañero estábamos encerrados. No saben qué pena teníamos de no poder correr por las tierras tan fértiles que llegan al maravilloso puerto marítimo. Pero ya se me ocurrió la solución final, sacar a quienes no nos dejan disfrutar de estas playas y construir el más bello resort, como de cuento.

  • Sin que podamos darnos cuenta cabal del ilusionismo, se encienden las luces de la pista izquierda. El trompetista tira de una cuerda, sostenida por el otro extremo por el clarinetista. La bailarina, de un ágil brinco, está caminando en la cuerda floja, con sonrisa primavera. El trompetista le grita que por qué las zapatillas y hasta el corpiño tienen manchas horribles. Ella, con un releve voltea al público y le enseña el corpiño color constitución, que brilla cual sol mañanero.

El clarinetista, intentando sacudirse un mosquito molesto, jala fuerte de la cuerda, lo que obliga a la bailarina a una pirouette y luego, una grand battement, para recuperar el equilibrio. El mosquito fue a dar contra un fulano caradura, que es reconocido por su mala fama y el mosquito sonriendo, publica una selfie. Sólo falta que los dos se cuelguen de la cuerda donde la bailarina sigue impávida, su rutina.

En el mundo del espectáculo no puede faltar el romance y la seducción. Pero el trompetista, pobrecito, pasó sus mejores años aprendiendo a dominar. Eso es lo que cree hacer con maestría. Intenta echar una flor a la bailarina y cualquiera se da cuenta que más parece burla. Ella, helada, con su frente en alto y su voz templada, quiere que la alegría del pueblo siga impulsándola a mayores alturas y les dedica un arabesque.

La alta tecnología de punta no podía faltar y, entre estruendos y malabares, por todos lados aparecen señales ominosas, o mejor y actualmente dicho, señales digitales que causan estupor. Por derrota parental, han de cancelar diversidades, y nuevamente, a construir el mito mujer y su correspondiente mito hombre. Entre el público, se oyen rechiflas y abucheos. Pero el show debe continuar.

Hay que causar susto, hay que amedrentar. ¡Qué gran idea: vamos contra las bandas terroristas, esas que dañan a nuestros paisanos y los dejan en calidad de zombies, si no es que muertos! Qué razón tienes, a por ellos y así, les quitamos el negocio. Señora bailarina, usted lo hace muy bien pero, las manchas siguen en su entorno, así que… ¡aranceles y drones luminosos!

Ella, que tiene bajo su control hasta el último pelito, no se esperaba que desde un lejano presidio saliera el reclamo: regrésenme a la pista izquierda o armo un desgarriate. Y para peor, hay quien murmura que no le sobran razones, pues ha sido acomedido. Mientras, su fiel escudero atrapa por aquí y por allá a cuanto malandro se cruza por su camino y uno escapa por la alcantarilla.

Por lo pronto un retire, y escucha unas leves palabras que vienen de donde está el clarinetista. Ella se pregunta: ¿Qué significará:“Me he salvado de la ruina. Me he salvado”? ¿sonidos del silencio? O ¿sala de espera? Decididas. 8M.

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