Durango y CCH Sur
Imaginemos qué significó crecer en un ambiente escolar y familiar hostiles. El bullying, la violencia y la discriminación son heridas cotidianas que afectan la vida. Sumemos que, en ambos casos, vivieron la pandemia de covid-19, una a los nueve años; otro, a los quince.
Desde la tristeza, por Paloma, Jesús Israel y Lex.
La antes “callada y tranquila ciudad colonial” de Durango se sacudió. Aunque reporta un alto índice de violencias contra las mujeres, décimo lugar nacional en llamadas de auxilio, la muerte de una adolescente tras una cirugía estética, conmocionó al país.
Las quinceañeras, no todas, han modificado deseos. Prefieren una cirugía estética, y luego, una fiesta. Para no debatirse entre estereotipos de La Cenicienta, deber de madres y padres sería ver en Prime Video La hermanastra fea, y su obsesión por calzarse el zapatito de cristal, metáfora de intentar (vanamente) “encajar toda yo en la belleza”. Violencia estética.
La Sociedad Estadunidense de Cirujanos Plásticos y Reconstructivos publicó un informe en 2024 que señala que se practicaron 286 mil 690 procedimientos estéticos en menores mexicanos. Muchos, necesarios.
Para Arlie Hochschild, socióloga de las emociones, “la expresión y el manejo de la emoción son procesos sociales. Lo que las personas sienten y expresan depende de las normas sociales, la categoría social y la posición de uno, y los factores culturales”. No es suficiente, aunque sea muy necesario, judicializar el caso. Hay que reflexionar sobre adolescencias, estereotipos y responsabilidades maternas y paternas.
A casi mil kilómetros de distancia, en el CCH del Sur, calificado como uno de los mejores en su nivel, un joven apuñaló y asesinó sin motivo a un compañero. Intentó suicidarse, se fracturó las dos piernas. Antes, declaró en sus redes, que su vida carecía de sentido, que ninguna mujer lo había amado, que despreciaba a todas. Lo hizo con un lenguaje conocido como Incel (célibes involuntarios, ver Adolescencia). Violencia autoinflingida y misoginia, ¿qué dice la violencia Incel sobre la masculinidad? Soledad y machismo.
Imaginemos qué significó crecer en un ambiente escolar y familiar hostiles. El bullying, la violencia y la discriminación son heridas cotidianas que afectan la vida. Sumemos que, en ambos casos, vivieron la pandemia de covid-19, una a los nueve años; otro, a los quince. Algunos estudios señalaron que el confinamiento prolongado afecta el bienestar social y emocional de la niñez y la adolescencia; es posible que se presenten cuadros de ansiedad, depresión y estrés.
Erika Barrera, Opinión 51: “Importa acompañar sin parálisis ni prejuicios, a entender que hablar con cuidado, sin minimizar ni juzgar, puede ser el comienzo de un camino distinto. Incluso en medio de contextos hostiles, siempre es posible construir espacios de apoyo y aceptación”.
Mientras el feminismo avanza, el patriarcado se sofistica mediante la adopción de una y mil maneras de “defenderse, adaptarse y reproducirse”. Por un lado, esa manósfera, cargada de odio, los Incel y, por otro, el debate violento que encabezan algun@s integrantes de la comunidad transgénero. Los fantasmas del pasado se esfuerzan por permanecer. ¿Se tambalean los estereotipos?
Lo anterior hace más urgente crear un sistema de cuidados, que permita tejer redes, incluidas las emocionales. En contextos de polarización emocional, la racionalidad pierde fuerza. La contrapedagogía de la crueldad, de Rita Segato, sugiere la revisión del mandato de masculinidad, modificar la forma de pensar y actuar colectivamente, hablar del dolor, recobrar la reciprocidad. Las adolescencias requieren acercamiento afectivo: escuchar y preguntar desde el vínculo emocional.
Arlie Hochschild: “Hablar de un sistema de cuidados es no es sólo una batalla contra la desigualdad de género o sobre las estructuras patriarcales. Es, sobre todo, cómo colectivamente reorganizamos los cuidados y la reproducción social, frente a un capital que nos roba la vida”.
