Ambas estuvieron donde querían estar. Y con quienes querían estar. En Barcelona, la participación de Claudia Sheinbaum en el foro En Defensa de la Democracia fue cuidada, profesional.
Empleó palabras claras. No necesitó retar ni agraviar. Su presencia fue, sí, la de una de las políticas más influyentes del mundo: al entrar en escena, los organizadores Pedro Sánchez y Lula da Silva se convertían en actores de reparto.
Le dio realce global a su discurso cotidiano sobre justicia social. Se colocó en la primera línea contra una intervención militar en Cuba.
Acopló con naturalidad su mensaje al tono del encuentro: paz, soberanía, multilateralismo, izquierda. El genuino debut internacional de la Presidenta quedó tan redondo que, cuando ofreció a México como sede de una futura cita, todos la celebraron.
En Madrid, mientras tanto, María Corina Machado fue una estrella en una plaza repleta. La gobernadora Isabel Díaz Ayuso le entregó en persona 10 minutos de micrófono y lucimiento en el balcón de la Puerta del Sol.
Luego, la Nobel de la Paz se quitó el elegante blazer rojo para ponerse la camiseta y los jeans de campaña y bajar a tocar y dejarse tocar por miles de venezolanos antes de llegar a la tribuna y articular una fervorosa alocución.
“Hoy comienza el regreso a casa y no lo detiene nadie”, dijo: el tema de la vuelta a Venezuela, y el de unas prontas elecciones, en el centro. Pausaba para cargar y besar a los niños que le acercaban madres y abuelas de la diáspora —llaman aquí, corazón europeo de quienes tuvieron que salir, a la huida de decenas de miles—. E inclinaba la cabeza para que la multitud le colgara collares y rosarios. Un ídolo.
América Latina proyecta hoy dos figuras de primer orden mundial y dimensión histórica. Cada una por su lado habla de democracia, libertad, justicia, igualdad, paz. Cada una parece saber bien lo que está haciendo, y consiguiendo. Ayer coincidieron en España. En un sábado luminoso.
