¿Alejandro Moreno, Alito, presidente del PRI, será el siguiente? ¿El próximo preso que encaje en la narrativa y las necesidades del régimen de la 4T?
En la semana fue detenido Luis Antonio Espinosa, contador de un hermano de Alito. Se capturó también a Carlos Alberto Medina, director de Comunicación Social cuando Alito gobernó Campeche. Se le acusa de formar parte de una red que robaba dinero público: un caso de hace 10 años que revienta hoy.
La mesa parece servida, le digo al líder priista, que no ha cesado de denunciar en el extranjero a Morena y a la 4T, ni de nombrarlos —aquí y allá— narcogobierno, narcopartido. “¡Para callarme y detenerme, me van a tener que matar!”, truena. “Los voy a seguir denunciando. Enfrentaré cualquier proceso, si ese termina siendo mi destino”.
Alito trabaja hoy en el tejido de candidaturas comunes de oposición rumbo a las elecciones de junio. Su objetivo es que Morena y sus aliados pierdan la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados y la mayor cantidad posible de gubernaturas y alcaldías.
En Palacio Nacional, la presidenta Sheinbaum se lava las manos. Afirma que son asuntos que investiga la Fiscalía de Campeche, aunque no deja pasar la ocasión para llamar al PRI “partido político en extinción”. Sin reparar en que, en las últimas elecciones celebradas en el país, las legislativas de Coahuila, dos meses atrás, el partidito los derrotó 16 distritos a cero.
