El inexistente PAN

En el debate nacional, el PAN no importa, no pinta, no existe. Y en la toma de decisiones políticas y de Estado, menos. Está por cumplirse un año del acto de relanzamiento del partido que gobernó México entre 2000 y 2012. Aquél que se presentó como el inicio de una nueva era, de un resurgimiento. Pero, en los hechos, nada sustantivo ha ocurrido con el blanquiazul. Ni siquiera luce vertebrado, unido. Maru Campos se defendió con lo que encontró a la mano de la embestida de Palacio Nacional. No se ve un trabajo sostenido de la dirigencia nacional con las gobernadoras de Guanajuato y Aguascalientes, ni siquiera con el afín gobernador de Querétaro. En el Congreso no se cosecha un gramo de nada. De no ser por los lances extraordinarios de Germán, Lilly, Döring y algún otro, daría lo mismo que el PAN tuviera o no senadores y diputados. A remolque, han ido poniéndole buena cara a las eventuales candidaturas comunes con el PRI –hace un año la dirigencia afirmaba que no lo haría–. El cliché de que habría una apertura total a las candidaturas ciudadanas no ha pasado de ser eso: un cuento. No sé qué tendría que suceder para que el PAN –que en 2024 sólo ganó en solitario tres de los 300 distritos, y en coalición, apenas 40– pueda resurgir en ocho meses, que es el tiempo que resta para las votaciones. Lo que se avizora hoy es un nuevo colapso, no una nueva era.

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