La hoguera de Amílcar

Si dos semanas atrás la fiscal Ernestina Godoy afirmó que no hay una orden de aprehensión contra Amílcar Olán, ¿por qué se esconde hoy en Suiza? El extraordinario trabajo de Irving Pineda y Azteca Noticias, difundido ayer, lo localizó en su apartamento de la ciudad de Lugano. Ahí se oculta. Apenas sale a tomar el sol en una banca del caserío. Sólo una vez en una semana caminó con su hijo de regreso de la escuela. No convive, no vive: se esconde, quizá en espera del milagro que le devuelva la fortuna. Pero para él –el amigo de Andrés López Beltrán— parece imposible que regresen los días de gloria y paz. Hablamos de uno de esos emprendedores del Golfo que, en el México de 2018 a 2024, se sintieron parte de una estirpe cuyo único destino era tener cuanto quisieran. De un hombre que, con menos de 40 años, amasó una riqueza y un poder difíciles de explicar sin la cercanía con la familia López Obrador y la falta de escrúpulos. El del balastro del Tren Maya; el que no replicó al escuchar de su primo, también contratista, Pedro Salazar, aquello de: “Cada 3 mil metros cúbicos, su mochadita; ya cuando se descarrile el tren, ya va a ser otro pedo”. El de la empresa Portacelis y el huachicol. Ahora que tiene tiempo en Lugano, podría leer La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. La novela sobre quienes –a la edad de Amílcar– se sentían amos del universo y pensaban que la gloria les duraría por los siglos de los siglos.

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