No recuerdo qué autor escribió que hay momentos que adquieren su verdadera dimensión cuando quedan plasmados en una fotografía.
Como el de ayer en la tarde en Palacio Nacional, en la foto de las sonrisas blanquísimas de la presidenta Sheinbaum y el rey Felipe; o en aquella otra, a contraluz, de una afectuosa charla en un balcón.
¿Qué importancia tiene, después de eso, la tensión política con España de los últimos siete años? Tampoco creo que sea ya relevante saber qué fue lo que se cedió y lo que se obtuvo, si es que existió una cesión y una concesión previa al encuentro de una hora y 20 minutos en la sede del poder en México.
“Coincidimos en fortalecer la relación bilateral en beneficio de nuestras naciones”, resumió sin grandilocuencias la Presidenta. Y el rey asintió del mejor modo posible, porque era una tarde para el abrazo.
Los gobiernos de la 4T seguirán teniendo a Hernán Cortés a la mano. Pero, luego de lo que se registró ayer, y de la manera brillante y suave en que se hizo, seguramente ha comenzado una etapa distinta. Bienvenida sea la concordia entre dos grandes pueblos, dos grandes sociedades.
PD
Hace medio siglo, o menos, la “izquierda” se regodeaba con la idea de que el futbol era el opio del pueblo. ¿Quién les habría dicho que un 24 de junio de 2026, 51.5 millones de mexicanos verían en los televisores de sus casas un partido del Mundial en que la Selección Mexicana ya estaba clasificada a la siguiente ronda?
