Conmovido por la violencia en el Capitolio, recuerdo que me emocionó el uso del concepto “decencia” que hizo Joe Biden en sus mensajes inaugurales de aquel enero de 2021. Traer de vuelta la decencia a la vida pública de Estados Unidos. Después ocurrió lo que sabemos y un Trump más impúdico regresó en 2025. Pero las encuestas indican que los estadunidenses le pasarán factura este martes. ¿Será esencialmente por su indecencia? ¿Qué debemos entender hoy por decencia en un gobernante? ¿En Trump, Sheinbaum, Lula, Milei? Leo en la prensa española una entrevista a Cayetana Álvarez de Toledo. Mujer ilustrada, es la número dos en la lista del PP al Congreso, sólo detrás de Alberto Núñez Feijóo. El PP marcha como claro puntero en las encuestas para poner fin a los siete años del PSOE de Pedro Sánchez en el poder. España votará el 29 de noviembre. Cayetana esboza un sentido: “La elección va mucho más allá de la derecha y de la izquierda. Es elegir entre decencia o indecencia. Los años de Sánchez van a ser recordados como la era de la indecencia: cloacas, joyas, putas, saunas, enchufes, mordidas, narcos, mafias. Se ha pulverizado la ética pública. Aspiro a que los españoles vuelvan a sentirse orgullosos de España, pero también de sus políticos”. La decencia entendida como una virtud del poder, capaz de devolvernos el orgullo por nuestros gobernantes. Hoy parece una utopía. Aquí, allá, acullá.
