Salmerón: la tercera es la vencida

En el estruendo contra el nombramiento de Pedro Salmerón como embajador en Panamá se suman la ira, la impotencia, la insatisfacción, la rabia por los casos de Félix Salgado Macedonio en Guerrero y David Monreal en Zacatecas, además de los méritos reunidos por el ...

En el estruendo contra el nombramiento de Pedro Salmerón como embajador en Panamá se suman la ira, la impotencia, la insatisfacción, la rabia por los casos de Félix Salgado Macedonio en Guerrero y David Monreal en Zacatecas, además de los méritos reunidos por el historiador. Al examinar las evidencias contra el exprofesor del CIDE pareciera que hay una desproporción entre sus necios intentos de seducción y acoso a alumnas y el tsunami de firmas que pide #UnAcosadorNoPuedeSerEmbajador. No hay desproporción, hay hartazgo.

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Este gobierno construyó este momento y lo hizo desde Palacio Nacional. El Presidente defendió personalmente la pretendida candidatura de Félix Salgado Macedonio y puso en duda los testimonios de las víctimas, rebajándolas a mero ardid político. No se trata, en el caso del guerrerense, de mero acoso, sino de abuso sexual y violación. Tampoco vale el argumento de que no hubo denuncias, como se argumenta ahora con Salmerón: Salgado Macedonio tiene tres denuncias por violación; una ante la Fiscalía General de la República, otra ante la Fiscalía General de Guerrero y otra ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Una cuarta denuncia prescribió, pues se hizo en 1998. El argumento pergeñado desde Palacio Nacional es que, debido al principio de presunción de inocencia, la candidatura sería inválida sólo con sentencia firme. Pero el mismo exfiscal de Guerrero, Xavier Olea, quien ejerciera de 2015 a 2018, explicó por qué no hay sentencia. Declaró que archivó una orden de aprehensión contra Salgado Macedonio por órdenes del gobernador Astudillo.

El Presidente desdeñó la protesta de 100 legisladoras de Morena y más de 3 mil militantes. Y lo mismo sucedió con la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, que salvó los derechos del guerrerense a ser candidato porque siguió las órdenes de Palacio Nacional de refundir la honestidad y la justicia en lo más profundo de un bote de basura. Salgado Macedonio fue inhabilitado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, decisión burlada por el Presidente al darle la candidatura a la hija del senador, hoy gobernadora.

El segundo caso es el del actual gobernador de Zacatecas, David Monreal, quien fue captado en un video manoseando a la mujer que marchaba a su lado en un acto de campaña. Después Monreal intentó lo que es práctica común en este gobierno: con el ardid del “yo tengo otros datos”, Monreal declaró que no vimos lo que vimos, que todo era un montaje tecnológico. En este encubrimiento lo apoyó su hermano, el senador Ricardo Monreal, la plana mayor de Morena y Palacio Nacional. Después de ver el video en el que acaricia a una candidata a alcaldesa me pregunté ¿si eso hace a la luz del día, qué no hará cuando despache a solas con una funcionaria?.

El principio de presunción de inocencia, enarbolado por el Presidente en el caso de Salmerón “porque no hay denuncia formal” —como si las denuncias ante órganos universitarios no lo fueran— se usa cuando conviene. Este principio también se torcerá para que senadores y senadoras de la mayoría ratifiquen al historiador como embajador. Como se dijo magistralmente en Twitter: “Cancelaron los fideicomisos sin una sola denuncia formal por corrupción y ahora quieren una denuncia formal contra Salmerón…”.

En los primeros dos casos, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia se sacrificó en aras de asegurar el triunfo electoral del partido gobernante, pese a que en ambas elecciones las encuestas favorecían a Morena con cualquier candidatura. Lo importante era demostrar que las voces de las mujeres no cuentan; que el feminismo o los feminismos, como dijo el Presidente, fueron inventados por los conservadores para desviar la lucha de las causas “verdaderamente importantes”. Porque la seguridad de las mujeres para poder caminar tranquilas por las calles, para poder ir a una cita de trabajo sin temor a ser agredidas, porque la seguridad de que se les defenderá en las fiscalías, de que se les creerá, nada de eso se encuentra en la lista de lo “verdaderamente importante” para el gobierno actual. Las mujeres como feministas, como seres autónomos, somos invisibles.

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Si el feminismo algún día fue una categoría rechazada por las jóvenes, el movimiento #MeToo, #YoTambién, cambió radicalmente esa percepción. Cientos de miles de jóvenes se declaran feministas y se apropian de valores de autonomía y emancipación. Entiéndanlo, señores: No es No. Al profesor de historia le tocó la tercera, y ésta es la vencida.

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