Por qué necesitamos elecciones primarias

Cuando Ernesto Zedillo, exsecretario de Programación y Presupuesto y luego coordinador de la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio, fue nombrado candidato del PRI en sustitución del candidato asesinado, tenía un reconocimiento de nombre de 8 por ciento. Es ...

Cuando Ernesto Zedillo, exsecretario de Programación y Presupuesto y luego coordinador de la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio, fue nombrado candidato del PRI en sustitución del candidato asesinado, tenía un reconocimiento de nombre de 8 por ciento. Es decir, de cada 100 personas, sólo 8 sabían quién era o había escuchado su nombre. Con la maquinaria poderosa del PRI de aquel entonces, la abrumadora mayoría de medios colaborando con el esfuerzo de comunicación del gobierno y siendo la televisión la fuente principal de información del público, en pocas semanas el conocimiento de nombre de Zedillo subió arriba de 90. En esa misma elección de 1994, el reconocimiento de mi nombre como candidata presidencial nunca subió de 40 por ciento.

El conocimiento de nombre es el primer peldaño de la popularidad de una candidatura. Con tres campañas a cuestas y los ejercicios diarios de propaganda de las mañaneras, el conocimiento de nombre del Presidente es altísimo y es uno de los factores de su popularidad. Su candidata, Claudia Sheinbaum, tiene un conocimiento de nombre menor porque su trabajo es local y porque tiene una personalidad discreta a la que la sombra presidencial achica aún más. De ahí los esfuerzos del Presidente para pasearla por el resto del país con el menor pretexto; creo también que ésta es una razón importante para el adelantamiento de la carrera por la candidatura. Si no la conocen o la conocen menos que su principal adversario, que ya fue precandidato presidencial, difícilmente le ganará en las encuestas a Marcelo Ebrard, más conocido, con una personalidad más llamativa y con mejores pretextos para estar en el candelero nacional.

Los que no estamos de acuerdo con aquello de que “de los males el menor” —ni Claudia ni Marcelo— diferimos radicalmente del proyecto autoritario y militarista de Morena y queremos una única candidatura de oposición, enfrentamos un reto mayúsculo: construir una candidatura notable, con tracción electoral muy competitiva y con fuerte conocimiento de nombre nacionalmente. Difícil pero no imposible.

Un método que a la vez que contribuye al conocimiento de los precandidatos va construyendo ciudadanía, deseos de participación electoral y definición detallada de un programa alternativo es el método de las elecciones primarias. Ésta es la propuesta del Comité Promotor del Frente Cívico Nacional: un largo proceso de eventos que formen parte preparatoria de elecciones primarias del candidato o candidata que encabece una coalición opositora que -ojalá- pueda reunir a los cuatro principales partidos.

¿Qué quiere decir “un largo proceso de eventos”? Que durante 2022 y la mayor parte de 2023 un grupo de ciudadanos y ciudadanas que desee participar en este ejercicio preparatorio a las primarias presidenciales lo haga activamente en un número creciente de encuentros con potenciales electores. Para que se les conozca. Para que se les compare. Para que los pongan a prueba. Para que crezcan o para que se les elimine de la lista inicial. Para que ellos y ellas también conozcan mejor el terreno; para que escuchen qué quiere la ciudadanía, qué rechaza, qué en su discurso y respuestas le gana simpatías o hace que éstas se evaporen. Para que compruebe si realmente está a la altura del reto o mejor se dedica a fortalecer las oportunidades de otro u otra candidata. El mismo proceso resulta útil para los partidos participantes en la coalición: puede ser que el favorito sea uno/a de sus militantes pero a la hora de confrontarlo con los y las precandidatas resulte inviable. La decisión así es más fácil.

Las elecciones primarias disminuyen las oportunidades de manipulación de los grupos de poder presentes en todos los partidos. Eventos abiertos y cerrados pero en su mayor parte abiertos, entrevistas con grupos pequeños y grandes, especializados o no, reuniones locales en muchas ciudades que permitan medir las simpatías y capacidades de las y los distintos precandidatos/as, todo recuperado y transmitido en redes sociales y medios de comunicación, medido por encuestas, dificultará las maniobras de los grupos de poder partidarios. Al mismo tiempo, habrá elementos cuantitativos y cualitativos para la construcción de la candidatura: ¿cuántos la/lo conocen?, ¿qué cualidades o negativos observan los futuros electores en estos/estas precandidatos?

Y más importante: podemos lograr que el foco de la atención pública y de la agenda de reflexión y debate dejen de ser las que se fijen en Palacio Nacional. ¿Qué hacemos con la crisis en la seguridad pública? ¿Cómo recuperamos las fuentes del crecimiento económico? ¿Cómo construimos un sistema de salud universal y de calidad? ¿Cómo mejoramos las finanzas públicas, con qué tipo de reforma fiscal? Temas complejos y preguntas difíciles para poner a prueba a quienes aspiran a una candidatura ganadora. Sí se puede.

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