Federalismo y ciencia, las otras víctimas del COVID
La democracia, en el espíritu del artículo tercero, como un modo de vida y no sólocomo un momento electoral, es la solución a momentos de reto y tensión.
¿Cuál será el enfoque más eficiente para combatir la pandemia y recuperar, lo más rápido posible, el crecimiento? No me refiero al debate en torno al modelo Centinela, al muestreo de pruebas o las pruebas masivas. Pienso, más bien, en los ejemplos de gobernanza. Francia, por ejemplo, visualiza su estrategia como una guerra. “Estamos en guerra, en una guerra sanitaria. Es cierto que no luchamos ni contra un ejército ni contra una nación, pero el enemigo está ahí, invisible y evasivo y avanza. Esto requiere nuestra movilización general", declaró el presidente francés Emmanuel Macron a mediados de marzo. Pero hace dos días, el presidente alemán, Frank Walter Steinmeier declaró: “No, esta pandemia no es una guerra…es una que pone a prueba nuestra humanidad".
Hay razones históricas y de organización interna que explicarían parte de este contraste. Francia es un república unitaria y en el combate contra una pandemia el enfoque centralizado, de mando único, casi napoleónico, puede resultar muy eficiente, sobre todo en un contexto de desarrollo más o menos parejo. Alemania es, como México, una república federal. Centralismo y mando único han causado históricamente tragedias. Iniciadora de dos guerras mundiales, la guerra ni como metáfora. Hay un enfoque consensuado: pruebas masivas, distancia social, ayuda masiva para mantener el empleo, incluso incurriendo al anatema del déficit.
¿Y en México? Una república con el federalismo debilitado históricamente y despreciado por el gobierno actual al que los trabajos de la democracia le parecen obstáculos incómodos para llegar al gran fin. Un país, no solo desigual en sus regiones y aún dentro de su arreglo regional, sino muchas repúblicas en una sola. ¿Cuál ha sido el enfoque en una república como la nuestra?
Ha sido, en sus intenciones, un enfoque brutalmente centralista. La estrategia seguida desde el punto de vista sanitario: modelo centinela, retraso en la implementación de la distancia social, tolerancia a los actos masivos, etc., fueron decisiones tomadas centralmente. Se comunicaron en forma amable a las entidades federativas, pero no hubo un diálogo, una toma de decisiones que fuera realmente consensuada.
Sucede, en este caso, afortunadamente, que la ineficacia gubernamental, propia no sólo de este gobierno, impidió que el diseño marcadamente centralista pudiera implementarse sin sobresaltos para el gobierno federal. La realidad local movilizó a las y los gobernadores. ¿Qué se puede hacer frente al regreso inminente de decenas de miles de paisanos por la frontera norte? ¿Qué con los migrantes y centros de refugiados en la frontera sur? ¿Qué con la densidad urbana de la CDMX?
Y, sobre todo, qué se puede hacer frente a la inminente pérdida de cientos de miles de empleos formales e informales, causada por la parálisis de gran parte de la planta productiva. La respuesta del gobierno al desafío económico causado por la necesidad del distanciamiento social, ha sido el peor ejemplo de centralismo y desconocimiento a la realidad tan diferente de las regiones del país. No es que el Presidente ignore la importancia de las pequeñas y medianas empresas, pymes. Esta semana las redes sociales revivieron declaraciones de él, cuando era oposición, demandando apoyo para ellas durante la crisis del 2009. Simplemente cree que puede ganarle la partida a la realidad y no cambiar sus planes. El magro plan, anunciado el lunes pasado, hace uso de recursos públicos que son de todos los mexicanos, sin aceptar escuchar a todas aquellas partes y voces de México que tienen una experiencia cercana con las consecuencias de la crisis.
La democracia, en el espíritu del artículo tercero, como un modo de vida y no sólo como un momento electoral, es la solución a momentos de reto y tensión. “Cuando se trata de impedir una calamidad social, la tarea principal de un gobierno es escuchar”, dice el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, al reflexionar sobre los desafíos de la respuesta a la pandemia. “Escuchar cuáles son los problemas, dónde han golpeado y cómo afectan a las víctimas”. “Se trata de gobernar mediante la discusión… La responsabilidad de impedir una calamidad social no debe emprenderse como el combate bélico en el que un líder puede usar poderes centrales para imponer de arriba a abajo. Por el contrario, lo que se necesita para evitarla es la gobernanza participativa y una viva discusión pública”.
Más y más grupos de ciudadanos, líderes locales, organizaciones civiles, gobernadores y autoridades municipales, proponen una república dialogante. Recurren a respuestas sanitarias y, sobre todo, económicas, contrastantes con las propuestas por el Presidente porque viven una realidad diferente. Sí, hay también algunos gritos destemplados. Pero la gran mayoría son voces que demandan compartir la responsabilidad de sacar adelante al país en momentos de enorme dificultad. Nuestro reclamo es diálogo, no enfrentamiento, no guerra. Diálogo y escucha fértil.
