En busca del sueño perdido: las mujeres y los valores

¿Por qué las mujeres y las políticas públicas para nuestro empoderamiento no son parte central del discurso del nuevo gobierno? ¿Por qué la justa exigencia de las jóvenes feministas que entregaron en Palacio Nacional el documento “Más políticas públicas, menos ...

¿Por qué las mujeres y las políticas públicas para nuestro empoderamiento no son parte central del discurso del nuevo gobierno? ¿Por qué la justa exigencia de las jóvenes feministas que entregaron en Palacio Nacional el documento “Más políticas públicas, menos sermones", es interpretada por el Presidente como la obligación a renunciar a sus convicciones más íntimas y profundas? Una combinación desafortunada entre las doctrinas marxistas, leninistas y maoístas que formaron a la generación del mandatario (la misma que la mía) y la aceptación de mala gana o el franco repudio al feminismo que prevalece tanto en la Iglesia católica como en las iglesias cristianas, conforman una visión en la que las mujeres ocupan el lugar del punto ciego. Estamos como letrero, pero sin contenido, como decálogo y juego vacuo de palabras.

Le cedo el espacio al filósofo esloveno Slavoj Žižek que lo dice de forma inmejorable al referirse a Hegel, filósofo idealista al que Marx “voltea de cabeza”: “En su Fenomenología del espíritu, Hegel introduce su famosa idea de que la feminidad constituye ‘la eterna ironía de la comunidad’. La feminidad cambia por medio de la intriga el fin universal del gobierno en un fin privado, transforma su actividad universal en una obra de un individuo particular y pervierte la propiedad universal del Estado al convertirla en posesión y ornamento de la familia”.

Y sigue con los marxismos, todos: “En contraste con la ambición masculina, una mujer quiere el poder a fin de promover sus propios estrechos intereses familiares o, aún peor, su capricho personal, incapaz como es de percibir la dimensión universal de la política del Estado. ¿Cómo no recordar la tesis de F. W. J. Schelling según la cual ‘el mismo principio que en su inoperatividad nos porta y sostiene es el que en su operatividad nos consumaría y destruiría’? Un poder que, cuando se mantiene en su lugar adecuado, puede resultar benigno y pacificador, se convierte en lo radicalmente opuesto a él, en la furia más destructiva, en el momento en que interviene en un nivel superior, el nivel que no es el suyo propio: la misma feminidad que, dentro del círculo cerrado de la vida familiar, es el poder mismo del amor protectivo se convierte en frenesí obsceno cuando se manifiesta en el nivel de los asuntos públicos y de Estado... En resumen, está bien que una mujer proteste contra del poder estatal público en defensa de los derechos de la familia y el parentesco; pero pobre de una sociedad en la que las mujeres se empeñen en influir directamente en las decisiones concernientes a los asuntos de Estado, manipulando a sus débiles parejas masculinas, emasculándolos efectivamente”.

El marxismo que marcó a nuestra generación “volteó de cabeza el idealismo de Hegel”, pero dejó más o menos intacta la visión patriarcal del filósofo. Si acaso, mientras las mujeres formaran parte de la clase obrera, cabían como parte del escenario. Lenin, con su teoría de las contradicciones, pero sobre todo Mao Tse Tung, utilizan la formulación de la “contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción” como herramientas para justificar cualquier decisión política, toda alianza inmoral, la eliminación de millones de personas, como con Stalin y Mao. ¿La contradicción principal es entre la burguesía y la clase obrera? Qué importa el mal trato a las mujeres. Como bien recordara recientemente Jorge Castañeda, los temas “menores” como los de las mujeres, las familias, la homofobia, etcétera, supuestamente se resolverán automáticamente cuando llegue el socialismo, el comunismo o la sociedad cristiana formada en valores.

¿Tiene razón el Presidente cuando postula que el origen de la violencia contra las mujeres, la proliferación de los feminicidios, etcétera, es la pérdida de valores? Depende de a cuáles valores se refiera. Hace poco más de un siglo, las mujeres mexicanas no teníamos derecho a voto como tampoco lo tenían “los débiles mentales”, los borrachos, los presos, etcétera. Tampoco teníamos derecho a la herencia ni a trabajar o vender alguna propiedad sin pedir autorización al marido. Hace menos de 20 años, los maridos tenían derecho a apalear a sus mujeres siempre y cuando lo hicieran en el espacio privado. En éste no podía intervenir la ley. Apenas en 1995, en las conferencias de la ONU de Viena y Beijing, se estableció que los “derechos humanos son derechos de las mujeres y los derechos de las mujeres son derechos humanos”. Ser gay era penado legalmente y estos no tenían derecho a amar a quien quisieran. Hoy los derechos de los que —por lo menos en el papel— gozamos las mujeres son propios de una sociedad con valores más humanistas que los de una sociedad que existió en no sé qué pasado en el que supuestamente había valores que impedían el maltrato a mujeres, niños y homosexuales. Eso nunca existió.

Nos vemos en las cadenas feministas del 7 de marzo, en las manifestaciones y marchas del 8 y nos vamos a la huelga TODAS el 9.

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