El #MeToo votará en 2020

En laelección presidencial de los Estados Unidos intervendrán muchos factores, pero el empoderamiento de las mujeres,a 100 años de que las sufragistas ganaran el derecho al voto, puede ser el factor determinante para el triunfo demócrata

No coincido con quienes consideran que el presidente Trump tiene asegurada la reelección. Tampoco con quienes advierten que el juicio político para destituirlo sólo lo fortalece. Si así fuera, ¿por qué tomar una medida tan arriesgada y de consecuencias imprevisibles como el asesinato del segundo hombre del gobierno de Irán, Quasem Suleimani? La decisión, tomada sin la autorización del Congreso, más bien revela cierto grado de desesperación.

Si el presidente Trump cree que puede repetirse el fenómeno de apoyo bipartidario surgido después de la captura y muerte de Osama bin Laden, yerra en el análisis. A diferencia del atentado a las Torres Gemelas en 2001, cuyo arquitecto intelectual fue Bin Laden, en el caso del líder iraní asesinado no hay acciones antinorteamericanas claramente identificables por el gran público. Las ha habido, pero sin la espectacularidad o la autoría claramente atribuible a Suleimani, cuyo nombre sólo era reconocido por los especialistas.

La decisión del parlamento iraquí de exigir el retiro de todas las tropas norteamericanas estacionadas en su territorio, como consecuencia del atentado, en el que también murieron líderes iraquíes, sólo reforzará la opinión negativa mayoritaria en Estados Unidos en contra de las guerras en Oriente. Según una encuesta de julio pasado del Pew Research Center, dos terceras partes del público norteamericano, 62%, considera que no valió la pena involucrarse en la guerra de Irak. Una mayoría, 58%, también rechaza la guerra en Afganistán y el mismo porcentaje mayoritario rechaza la intervención de tropas norteamericanas en Siria.

Pero el cambio más importante en el humor del electorado norteamericano lo han aportado las mujeres. Entre la elección presidencial de 2016 y la próxima de noviembre de 2020, surgió el movimiento del #MeToo que inició con las denuncias en octubre de 2017 de los abusos sexuales del poderoso productor cinematográfico, Harvey Weinstein. Desde 2015, artistas conocidas como Ashley Judd y otras, denunciaron que habían sido violadas por un importante personaje.

El poder de Weinstein era tan grande en Hollywood que nadie se atrevía a denunciarlo so pena de ser vetada.

Pero en octubre de 2017, una llamamiento público hizo que una pléyade de actrices denunciara a Weinstein. Fue entonces cuando vimos cómo la cortina de una presa se rompió e inundó todos los campos en los que hombres con poder exigían favores sexuales. Las denuncias y el surgimiento del poderoso símbolo en redes sociales #MeToo, #YoTambién, se extendió más allá del mundo de los espectáculos, para recordar los casos de ministros de la Suprema Corte, de presentadores de noticias, de entrenadores deportivos  y de dirigentes corporativos. Lo que se detestaba pero no se denunciaba porque ponía en riesgo a las víctimas y porque “era lo normal”, súbitamente dejó de ser admitido como normal, como algo que tenía que ser sufrido calladamente.

El movimiento #MeToo obligó a la renuncia de 417 figuras del espectáculo y de compañías tecnológicas; acabó con 25 campañas políticas de ambos partidos, obligó a la renuncia de un senador, al encarcelamiento del comediante Bill Cosby, de ejecutivos de Uber, de CBS, de denuncias contra chefs de fama mundial y muchos más.

¿Afectará esto las elecciones de 2020? Aunque en las elecciones de 2016, 54% de las mujeres apoyó a Hillary Clinton, hay que recordar que el voto a favor de Trump entre las mujeres blancas fue de 53% pero fue abrumador especialmente entre las mujeres blancas sin educación universitaria, pues 62% votó a su favor en 2016. Éste fue el tipo de votante que descuidó la campaña demócrata en 2016. Mujeres blancas, con escasa educación, generalmente habitantes en zonas rurales, profundamente conservadoras y religiosas. Pero lo que reveló el tsunami #MeToo es que una inmensa mayoría de mujeres de todas las condiciones sociales y educativas, 54%, según una encuesta, había sufrido algún tipo de hostigamiento por su condición de mujeres. La experiencia del acoso es prácticamente universal entre las mujeres. Por ello no extraña lo que reporta The Economist en su edición de noviembre: encuestas del verano pasado revelan que una mayoría de mujeres blancas desaprueban la presidencia de Trump y que 47% de mujeres blancas sin grado universitario dijo que “definitivamente no votarían” por la reelección del presidente.

En una elección presidencial, que no sólo importa a los Estados Unidos, sino a la paz mundial y, muy especialmente, a México, intervendrán muchos otros factores, pero el empoderamiento de las mujeres, exactamente a los 100 años de que las sufragistas americanas ganaron el derecho al voto, puede ser el factor determinante para el triunfo demócrata. Que así sea.

Temas: