El fin de la abnegación

Pasaron 99 años desde la Constitución de 1854, que explícitamente negaba el voto a las mujeres junto con los “débiles mentales, los presos”, etcétera, hasta 1953, año en que las mujeres lograron el reconocimiento del derecho a votar. La Constitución de 1917 no ...

Pasaron 99 años desde la Constitución de 1854, que explícitamente negaba el voto a las mujeres junto con los “débiles mentales, los presos", etcétera, hasta 1953, año en que las mujeres lograron el reconocimiento del derecho a votar. La Constitución de 1917 no nos lo niega explícitamente, simplemente no nos incluye en la lista de quienes sí pueden votar. Y pasaron 59 años, desde 1953 hasta 2012, cuando, con la histórica sentencia 12-624 del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la cuota de género fue por primera vez obligatoria para los partidos políticos. Se trataba de la cuota 40/60 para las candidaturas a diputaciones federales. Después pasaron sólo 19 meses para la reforma constitucional que hace obligatoria la paridad en las listas de candidaturas federales al Senado y la Cámara de Diputados. Y 74 meses para la reforma constitucional de la #ParidadEnTodo, es decir, ocho años desde la sentencia 12-624 que hizo obligatorio el cumplimiento de la cuota de género. De nuevo: 99 años, 59 años, 8 años.

Mi candidatura fue la segunda en la historia de México, después de la de Rosario Ibarra de Piedra en 1982 y que repitió en 1988. Pero  la mía fue la primera en tener acceso a los grandes medios, limitado e incomparablemente menor que el de los primeros tres candidatos; no obstante, fue la primera candidatura femenina que logró un amplio conocimiento. Las niñas que tenían 10 años en 1994 y que dijeron a sus mamás “no sabía que una mujer puede ser presidenta”, tienen hoy 36 años. La candidatura de Patricia Mercado, enormemente exitosa por la claridad de sus ideas y su agenda explícitamente feminista, tuvo más penetración mediática, pues, por primera vez, una mujer estuvo en los debates presidenciales. Una niña que tenía 10 años en 2006 tiene hoy 24 años. La candidatura de Josefina Vázquez Mota, la primera de un partido de dimensión nacional, tuvo enorme repercusión mediática, muchas veces sesgada, pero una niña de 10 años más que captar el sesgo veía que una mujer podía estar en las grandes ligas de la política. Hoy esa niña tiene 18 años. Entre mi candidatura y la de Patricia pasaron 12 años; y sólo seis para la de Josefina y otros seis para la de Margarita. Vi a todas esas mujeres en la marcha multitudinaria de ayer 8 de marzo.

En 1991, la abogada Anita Hill denunció que el candidato a ministro de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, Clarence Thomas, la había acosado sexualmente cuando había sido su empleada, la década anterior. Thomas fue confirmado como ministro y Anita Hill fue sometida al escarnio. Sin embargo, el término “acoso sexual” rebasó los estrechos límites de la academia y las expertas en teoría de género para incorporarse al lenguaje más común”. En 2012, el entonces presidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, conocido como DSK, y el más serio precandidato a la Presidencia de Francia, fue acusado de acoso sexual por una humilde camarera del hotel donde se hospedaba DSK. A pesar de una campaña de calumnias, ella, Nafissatou Diallo, ganó el caso. En 2015, la actriz Ashley Judd escribió un largo artículo en la revista Variety sobre cómo fue acosada por un poderoso productor Hollywoodense. En 2017, se supo por varios artículos del New York Times y del New Yorker, que el personaje en cuestión era Harvey Weinstein, quien hace unas semanas fue encontrado culpable de acosar a por lo menos 80 mujeres, varias de ellas conocidas artistas. El hashtag #MeToo creado desde 2006 se viralizó a partir de las denuncias de personajes famosos acusados de a haber acosado sexualmente a cientos de mujeres. En México, la periodista Lydia Cacho fue secuestrada y torturada en 2005 por su denuncia de la red de pederastia protegida desde altos círculos empresariales y del gobierno.

El cambio más profundo que hizo público el movimiento #MeToo en Estados Unidos, #YoTambién y #MiPrimerAcoso en México y que se expandió por muchos países, fue la experiencia en cientos de miles de mujeres que habían sufrido acoso y habían callado durante años y que de repente comprendieron que ellas no eran culpables y que no había vergüenza en declarar públicamente que habían sido víctimas de hombres depredadores. “El culpable eres tú”, cómo dirían las integrantes del colectivo chileno LasTesis, ha sido un momento liberador para miles, millones de mujeres que han pasado por la experiencia del acoso sexual, la violación o que han perdido a su madre, hermana o amiga, víctimas del feminicidio. Miles de madres lloran y buscan a sus hijas desaparecidas o asesinadas. No son abnegadas, están furiosamente involucradas en la lucha contra el orden patriarcal que les niega justicia.

Todos estos elementos han hecho posible que se acorte el tiempo de los cambios para las mujeres. Y una nueva generación de jóvenes nos arrebata la estafeta de los movimientos que demandan justicia, fin a las violencias y el feminicidio, alto a la impunidad, el derecho elemental a una vida libre de violencia. Ellas llenaron las calles de la República e hicieron retumbar en sus centros la Tierra. Gracias a todas ellas.

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