No será igual
Es un hecho, según numerosas averiguaciones y encuestas, que la pandemia agravó los trastornos del sistema educativo, en especial, profundizó la terrible desigualad educativa, la brecha se transformó en una quebradura profunda. Como siempre, los pobres y desvalidos perdieron más.
Continúan los debates —hasta diatribas en territorio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación— sobre el posible retorno a clases. Se mezclan afanes y temores, de los asuntos materiales a la protección sanitaria de maestros y alumnos; de problemas estrictos de la educación a cuestiones emocionales.
En la danza de perspectivas hay de todo. El clamor del regreso a clases de muchos segmentos sociales, sea porque hay pérdidas económicas en el sector privado, sea porque el agobio de madres que ya no pueden —ni saben cómo— apoyar a sus vástagos, sea porque los maestros muestran fatiga por hacer tareas fuera de su práctica acostumbrada.
Es un hecho, según numerosas averiguaciones y encuestas, que la pandemia agravó los trastornos del sistema educativo, en especial, profundizó la terrible desigualdad educativa, la brecha se transformó en una quebradura profunda. Como siempre, los pobres y desvalidos perdieron más.
Sin embargo, parece que el gobierno quiere que en el inicio del nuevo ciclo escolar —el tercer lunes de agosto— todo el sistema esté en modo presencial, como antes. Lo que observamos ahora —vacunación a maestros, centros de aprendizaje comunitario y cauto regreso en ciertas zonas— son preparativos para la avalancha de agosto.
La subsecretaria de Educación Básica, Martha Velda Hernández Moreno, por ejemplo, anunció que el gobierno federal distribuirá 12 mil millones de pesos para sanitización y reparación de inmuebles. Incluso, realizó un levantamiento de datos sobre las condiciones de las escuelas: agua potable, electricidad, instalaciones hidrosanitarias y drenaje. Pero la subsecretaria todavía no sabe cuánto le tocará a cada estado y al parecer quiere hacer a un lado a las autoridades. Dijo: “este recurso será administrado por un comité conformado por padres de familia, maestros, directivos y comunidad cercana a la escuela”.
La cantidad es magra considerando el deterioro —empeorado por la pandemia— y no hay una estrategia que permita la colaboración entre autoridades centrales y locales. Sospecho que esos fondos se canalizarán al Programa la Escuela es Nuestra, sin reglas de operación ni de rendición de cuentas.
Las facciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación aprovechan la situación para acarrear agua a su molino. Aunque Alfonso Cepeda Salas dice que su partida “está preSNTE”, presiona por más basificaciones de interinos y arreglar las pensiones. En esto último tiene consenso de la base —y en general de los trabajadores del sector público— pero da a entender que lo exige en reciprocidad por el apoyo que brinda a la Cuarta Transformación.
Los líderes de la CNTE no se andan por las ramas. El liderazgo de la sección 22 de Oaxaca, según reportó nuestra corresponsal Paty Briseño, determinó no regresar a clases presenciales en este ciclo escolar. Minerva Ruiz Correa, una dirigente local, afirmó que el gobierno federal determinó la vacunación de los docentes para el regreso a clases presenciales, “pero no se interesó por la salud de los estudiantes, padres de familia y toda la comunidad educativa” (Excélsior, 26/04/21). Algo hay de razón en ese pregón.
En ese tinglado de proclamas, los alumnos figuran como la principal de las preocupaciones: el rezago, en especial de los desvalidos de siempre, el abandono de cientos de miles, la imposibilidad de evaluar el aprendizaje adquirido (porque fue diferente, no el esperado) y los problemas emocionales a que están sujetos, junto con sus familias.
En fin, es posible conjeturar que para agosto se reabrirán la mayoría de las escuelas, aunque en algunas zonas el semáforo no esté en verde y la vacunación lejos de ser suficiente. Pero la escuela ya no será igual. Los edificios —muchos fueron sujetos a saqueo— están pésimas condiciones; no hay manera de asegurar seguridad sanitaria; los maestros retornarán fuera de ritmo y los alumnos con sentimientos encontrados: excitación por reencontrar a los amigos y temores por lo que vendrá.
