No es sólo un partido de futbol

Hace seis años, la selección mexicana de futbol sub17 conquistó el campeonato mundial de su categoría. En la semifinal del torneo, derrotó al combinado de Alemania. Fue un partido muy duro pero los mexicanos dieron una extraordinaria exhibición de futbol, mentalidad y ...

Hace seis años, la selección mexicana de futbol sub-17 conquistó el campeonato mundial de su categoría. En la semifinal del torneo, derrotó al combinado de Alemania. Fue un partido muy duro pero los mexicanos dieron una extraordinaria exhibición de futbol, mentalidad y pundonor.

Hace unos días, la selección alemana de futbol categoría sub-23 no sólo venció, sino que humilló, a la selección mexicana de futbol —la selección mayor; no una de jóvenes, como la alemana— en la Copa Confederaciones. Dada la edad de los muchachos alemanes que están participando en la Confederaciones, es muy probable que muchos de ellos hayan también jugado aquella semifinal que la selección mexicana sub-17 ganó.

¿Por qué unos jóvenes alemanes que, hace seis años, fueron derrotados por unos jóvenes mexicanos ahora son mucho mejores que las “estrellas” de nuestro futbol? ¿Por qué los muchachos alemanes se han consolidado como un extraordinario equipo mientras que el equipo mexicano sub-17 del año 2011, simplemente, se ha diluido? De hecho, México también ganó el mundial sub-17 del año 2005 (en ese equipo jugaban Vela y Giovani dos Santos, por ejemplo): ¿por qué ese equipo de 2005  también se desvaneció, es decir, no resultó en una selección mayor ganadora?

Algo ocurre con los futbolistas mexicanos: cuando tienen 16-17 años pueden llegar a ser, incluso, los mejores del mundo. Sin embargo, cuando llegan a los 25-26 años (el momento de plenitud para los futbolistas), están muy por debajo del nivel que sí logran los jugadores de otros países.

¿Ocurrirá algo similar con la juventud mexicana en general? ¿Será que algo pasa con nuestros jóvenes de manera tal que ven frustrado su desarrollo entre los 16 y los 25 años? ¿Podría eso explicar por qué no sólo no nos va bien en el futbol sino en lo político, lo económico y lo social?

Platicaba todo esto con un querido amigo quien me comentó que, efectivamente, hay evidencia que indica un tremendo “cuello de botella” que limita el desarrollo de nuestra juventud. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior, si bien cerca de 60% de los niños que estudian la primaria logran llegar a la preparatoria, sólo 36% concluyen ésta.

¿Por qué sólo 60% de nuestros niños llegan a la preparatoria? ¿Y por qué muchos de ellos no terminan sus estudios de bachillerato? ¿Qué consecuencias tiene esto para el desarrollo de nuestro país en todo sentido?

Planteé todas estas preguntas a varios amigos. Algunos indicaron que se trata de un problema de falta de oportunidades o tal vez de mentalidad. Algún otro comentó que nos faltan mecanismos para dar continuidad a los jóvenes, ya no digamos en el futbol sino en todo terreno. Y claro, no faltó el que dijo que se trata de un asunto estructural: el país no sirve y habría que cambiarlo por completo.

Ignoro la respuesta a mis preguntas. Pero sí sé que, como sociedad, es indispensable que discutamos a fondo qué hay que hacer para que nuestros jóvenes se desarrollen plenamente. Igualmente, es apremiante que pongamos manos a la obra: sí hay que discutir pero también actuar.

De seguir como vamos, jamás ganaremos un mundial de futbol, lo cual es triste pero es lo de menos: lo grave aquí es que, así como estamos, jamás seremos un país serio y nunca dejaremos atrás los males que tanto daño nos hacen: corrupción, impunidad, inseguridad, etcétera.

La derrota de México ante Alemania el jueves pasado no fue, pues, sólo un partido de futbol; es mucho más que eso, lamentablemente.

Temas: