¿Estado de México: caos hacia 2018?

En mi última columna, destaqué que es indispensable que todos los partidos políticos comprendan que México es mucho más que la elección del día de hoy en el Estado de México. Gane quien gane la crucial gubernatura mexiquense, los problemas del estado y del país ...

En mi última columna, destaqué que es indispensable que todos los partidos políticos comprendan que México es mucho más que la elección del día de hoy en el Estado de México.

Gane quien gane la crucial gubernatura mexiquense, los problemas del estado y del país seguirán ahí mañana, 5 de junio. Así, lo que menos se requiere es que, como siempre, la clase política no esté a la altura de las circunstancias. En particular, es apremiante que, sea cual sea el resultado de las elecciones de hoy, tanto ganadores como perdedores se comporten civilizadamente. Si surgen dudas sobre el proceso electoral, éstas tienen que canalizarse vía las instancias correspondientes y no a golpes, no a gritos, no a patadas.

No obstante, lamentablemente, todo indica que las cosas van por la peor ruta posible: la violencia seguramente se hará presente. Y es que es mucho lo que hay en juego y es muy poco el compromiso con la democracia de parte de los partidos políticos y de sus clientelas o potenciales clientelas.

En concreto, en mi opinión, Alfredo del Mazo se hará con la victoria por muy pocos votos. Éste es el peor de todos los escenarios posibles: Morena reclamará fraude, dirá que la “mafia del poder” se robó la elección y todo eso a lo que nos tiene habituados López Obrador. Lo grave de esto es que, incluso si AMLO no llama a la violencia, ¿podrá controlar a sus seguidores?

¿De verdad los grupos dentro de Morena que “ya se ven” disfrutando del presupuesto del Estado de México y de todos los beneficios (los legales y los ilegales) que el poder conlleva se van a quedar tan tranquilos si gana Del Mazo, sobre todo considerando que, por años, López Obrador ha propagado un discurso de mafiosos y de inocentes? No, claro que no: si gana Alfredo del Mazo, Obrador no podrá contener a sus más radicales partidarios. De la misma forma, porque al gobierno le tiembla la mano para aplicar la ley, y porque se le acusaría de sustentar el supuesto fraude, las autoridades harán poco para detener lo que se viene. Y así hasta 2018, cuando el país podría terminar de reventar.

Pero supongamos que me equivoco y que Alfredo del Mazo pierde la elección a manos de Morena. ¿Las clientelas priistas que viven del presupuesto del Estado de México y que gozan de “derechos” que han adquirido por su militancia en el PRI (puestos en mercados públicos, dominio de rutas de transporte, etcétera) aceptarán la derrota con una sonrisa?

Si ganase Delfina Gómez, el priismo mexiquense también va a llegar a la violencia. La diferencia con el escenario opuesto (triunfo de Del Mazo) es que en el PRI no hay un López Obrador, es decir, un individuo que esté dispuesto a retar a todas las instituciones (públicamente), que tenga arrastre nacional, que levante pasiones y que, crucialmente, se haya dedicado a sembrar la idea de que, si no se está con él, se está en su contra y que, similarmente, sólo quienes están con él son ciudadanos de buena voluntad.

Alfredo del Mazo reconocería su derrota. Lo haría no porque sea un genuino demócrata necesariamente sino porque no es su estilo andar de bravucón y porque, aunque le va a doler en el alma, el presidente Peña Nieto también reconocería la derrota de su partido: como Presidente de la República, no tiene opción. De esta manera, la violencia a la que seguramente llegarían los priistas en caso de perder, no tendría los alcances que sí tendrá la que provocará Morena cuando se vea derrotado por Del Mazo.

Entiendo que sueno “catastrofista”. Ojalá que todo esto no sea sino un pésimo pronóstico, un total desatino de mi parte. Ojalá que, gane quien gane, todo transcurra en paz.

                Twitter: @aromanzozaya

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